Opinión | A la intemperie

Guardiola y Gallardo

A Gallardo, como al coyote, el tren le ha atropellado dos veces. A Guardiola le interesa que Gallardo no caiga (del todo)

Gallardo junto a Guardiola.

Gallardo junto a Guardiola.

Fernando Pizarro era, en su momento, a vista de casi todos, el mejor candidato para sustituir a José Antonio Monago. Mejor que María Guardiola, por supuesto. Por experiencia y por cintura política. Sin embargo, alguien, en algún lejano lugar, decidió lo contrario. Medio pensar que María Guardiola pudiera derrotar en las urnas a Guillermo Fernández era descabellado. Ni de carambola. Pero en esta historieta se cruzó un tal Pedro y los palos se los dieron en los lomos a un tal Guillermo. Aún así, como estaba previsto, María no ganó a Guillermo. No ganó ni de carambola. Y vino el sainete: Guillermo, que me voy pero que no me voy, y María, que soy muy limpia y con Vox no, nunca. Aquella fue una astracanada política jamás vista por estas tierras y que quedará por siempre en la memoria de los extremeños. María Guardiola pecó de lo que era previsible que pecara: de novata y de poca cintura política, y lo que es peor, pecó a boca llena (lo que a la postre, y de rebote, le sirvió a Sánchez para seguir en el poder). Luego, Guardiola, desde que ha dejado de dar voces, ha ido remontando. Ha formado un gobierno apañadito y gris que va sorteando los problemas sin escándalos (de momento). Y tan contenta.

Peor es lo de Miguel Ángel Gallardo. No discutiré que va sobrado de experiencia y de cintura política (eso que algunos prefieren llamar colmillo). Le bastó ganar a los puntos a un sparring cacereño para ponerse el mundo por montera. Luego, más o menos como Guardiola, colocó a los amigos, descolocó a los enemigos, y, como Guardiola, despertó adhesiones de opereta (lo de opereta sin segundas) y odios africanos. Lo de los odios africanos siempre se puede solucionar si vas ganando espacios de poder donde acomodar a los resentidos… pero no, en el caso de Gallardo va a ser que no. En las primeras elecciones en que se han visto las caras, Guardiola ha tumbado a Gallardo por KO. Es la primera vez que el PP gana unas elecciones europeas en Extremadura. O sea, la primera vez que el PSOE las pierde. Y con cinco puntos de por medio. Gallardo, nervioso, ha recurrido al comodín de Sánchez para explicar el desaguisado, olvidando que Vara, con Sánchez de por medio, ganó en 2023. No cuela. A Gallardo le ha atropellado el tren de los votantes extremeños. Uno de cada cuatro votantes socialistas ha dejado de votar al PSOE. Luego, en un gesto de matonismo montuno, ha desafiado a la que él llama Mentirola a convocar elecciones autonómicas de inmediato… tan de inmediato como un segundo tren en forma de juzgado de instrucción le ha vuelto a pasar por encima. Algo que hasta ahora solo le ocurría al coyote en los dibujos animados. Gallardo está a un minuto de negarse a respirar.

En conclusión, que a Guardiola le interesa que Gallardo no caiga (del todo). A Guardiola le interesa estirar el chicle al menos hasta las próximas elecciones autonómicas. Y a Gallardo confiar en que a Guardiola le reviente Vox antes de que a él le den puerta los suyos. A Gallardo no lo quieren ni en su propio partido, antes o después se le van a levantar los damnificados y, mientras eso ocurre, Guardiola solo tiene que gobernar sin enredos y sin dar una voz más alta que otra. Solo eso. Ya veremos… Ay si el PSOE tuviera un Juan Carlos Rodríguez Ibarra o un Guillermo Fernández Vara… ¡ay entonces de Guardiola!

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