Opinión | Con permiso de mi padre

Búscate la vida

La desigualdad fiscal en España, sumada ahora a la desigualdad legal y territorial, no anima

Hacienda somos todos.

Hacienda somos todos. / EL PERIÓDICO

La expresión ‘buscarse la vida’ siempre me ha parecido curiosa, me lleva de alguna manera a la idea de que alguien tiene los redaños suficientes para enfrentarse a lo que haga falta para lograr lo que necesita, pero claro, lo curioso viene cuando hay que plantearse hasta dónde se puede llegar para conseguir lo que cada uno se propone.

Esto viene a que, desde hace unos días, por las calles de la ciudad que habito veo a personas vendiendo fruta, concretamente cerezas, sin determinar su origen, ni la explotación de procedencia, ni nada. Y dirán ustedes que eso se hace de toda la vida, que no hay problema y que, si no te fías, con no comprar es suficiente. El mismo mantra de siempre: si no te gusta, no mires, no compres, no opines...

Pero es que no consiste en eso; la cosa es que si cada cual juega con unas reglas diferentes, o incluso sin ellas, el juego no es justo. Y no me refiero tanto al hecho de que quien tiene un negocio paga impuestos, local, IVA... que también. Es más la injusticia que supone el que, a sabiendas que esa fruta se ha obtenido de manera... digamos “irregular”, con nocturnidad, alevosía y reincidencia, no se hace nada por impedirlo; eso sí, retrásate tú un par de días en tus obligaciones fiscales, y no tendrás desierto antártico suficiente para esconderte de tu justo castigo como ser asocial e insolidario.

«Déjalos, si es que se están buscando la vida». Lo mismo aplica según algunos, por ejemplo, para esos chavales que descargan fardos de droga en la playa, que es que viven en una zona muy deprimida económicamente y de algo tendrán que vivir. Ya saben, lo de «mejor eso que atracando bancos».

Pues qué quieren que les diga, que a todos nos cuesta mucho llegar a fin de mes, cumplir con Hacienda (que dicen que somos todos, pero unos más que otros) y pagar hasta dobles y triples impuestos en algunos productos o servicios como para simplemente mirar para otro lado ante quienes viven impunemente instalados en la ilegalidad. Y otro día entramos en lo abusivo y desproporcionado, rozando la requisa, de la recaudación de nuestro mastodóntico, absurdo e inútil entramado público, ésa que dicen va para educación y sanidad, pero que se pierde en una infinita red de ayudas, observatorios, estudios y demás mandangas inexplicadas e inexplicables.

El caso es que todos queremos buscarnos la vida, incluso encontrárnosla, pero sin que se nos quede cara de tontos porque otros lo hacen a su manera y, además, se ríen en nuestra susodicha. También es cierto que la desigualdad fiscal en España, sumada ahora a la desigualdad legal y territorial, no anima precisamente a cumplir con nuestras obligaciones ciudadanas a rajatabla, y quizás por eso en este país está bien vista la figura del pillo, el listo que sabe bordear la ley y que presume de ello sin pudor.