Opinión | Desde el umbral

Tan solo tú

Motivo y razón de vida. Esperanza de futuro. Estímulo para perseguir la ejemplaridad y la excelencia en cualquier ámbito vital

Un padre toca la mano de su bebé.

Un padre toca la mano de su bebé. / EL PERIÓDICO

Solo tú. Nada más. Nada menos. Tú. Tú y tu inocencia. Tú y tu pureza. Tú y tu mirada limpia. Tú y tu ausencia de picardía. Tú y tu entusiasmo. Tú y tu afán por explorar y conocer. Tú y esa risa tuya que alegra el alma de cuantos la escuchan. Tú y tu alegría genuina. Tú y tus carrerillas. Tú y tus habilidosos deditos. Tú y tu memoria prodigiosa.

Tú y tu curiosidad despierta. Tú y tu manera de contar e interpretar aquello que te llama la atención de lo que vas viviendo. Tú y tus juegos. Tú y tu modo de dialogar. Tú y tus conversaciones contigo misma en voz alta. Tú y cada uno de esos «aúpa, papá». Tú y tu manita abrazada a la mía. Tú y tu cabecita recostada sobre mi hombro. Tú y esa manera de aferrarte a mí como un koala. Tú, durmiendo y viviendo. Tú y tu dulce vocecita. Tú y tu aroma único. Tú y tus manitas palpando para cerciorarte de que sigo a tu lado. Tú y tus delicadas caricias. Tú y tus despertares. Tú y tus anocheceres.

Tú y cada uno de los aleteos de tus pestañitas. Tú y tu disfrute cada vez que aprendes algo. Tú y tu inventiva. Tú y esa manera de asociar ideas y palabras. Tú y tu incipiente personalidad manifestándose. Tú y ese gusto tuyo por ponerme la pierna encima. Tú y ese humor que ya te brota con naturalidad. Tú y tu criterio para saber qué es lo que quieres. Tú y tus simpáticas imitaciones. Tú y tu pasión por los cuentos. Tú y tus primeras obras de arte pictórico. Tú y tus bailes. Tú y tus escondiliches. Tú y tus buenos modales, tus saludos por doquier y lo agradecida y cumplida que eres. Tú y ese viejito que parece que llevas en la barriga. Tú y tus cosquillas. Tú y esa sabiduría prematura. Tú y cada rincón de ese cuerpecito tuyo. Tú y tu rostro bello y armonioso. Tú y tu piel suave. Tú y tus ojos destellantes. Tú y esa generosidad y desprendimiento inauditos en una personita tan pequeña. Tú y tu respiración serena. Tú y el acompasado latido de tu corazón. Tú, de pie, sentada y tumbada. Tú, de día y de noche. Tú, observando, escuchando, olisqueando, saboreando y palpando. Tú y tu capacidad para captar emociones y expresar sensaciones y sentimientos. Tú, viviendo y destilando vida. Tú y cada micra de tu ser. Tú.

Enteramente tú. Tal como eres. Exactamente como eres. Motivo y razón de vida. Esperanza de futuro. Estímulo para perseguir la ejemplaridad y la excelencia en cualquier ámbito vital. Fe y credo. Patria y bandera. Alma y entrañas. Norte y sur. Este y oeste. Dirección y sentido. Carta de navegación. Diario de abordo. Hoja de ruta. Ya lo dejé escrito por aquí una vez: mi debilidad, mi bendita debilidad. Gracias, Elia, por pintar la vida de colores. Gracias por existir. Te quiero, hija.

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