Opinión | Nueva sociedad, nueva política
Ventiladores y chiringuitos
La deriva del PSOE, como boomerang
Al peso ingrávido del instante lleva años entregada la politiquería de alcantarilla de estos dirigentes, por llamarlos de alguna manera, que padecemos. Entregada al instante mágico en el que reciben sus nóminas, con las que nunca podrían haber soñado fuera de moquetas, despachos y coches oficiales, ese instante en que su felicidad queda suspendida en el aire y casi se solidifica, convertida en niebla que no deja ver y fétida lluvia ácida que lo va corrompiendo todo afuera, en la sociedad que les paga y les sufre.
El gran hacedor de fango, que es también su máximo denunciante, quiere que hablemos de jueces y periodistas para que no hablemos de política. Pero la justicia y la opinión pública son política. Quizá sin quererlo, el sumo sacerdote del barro ha puesto el foco sobre la publicidad institucional, la gran financiera de muchos medios contemporáneos. Esa añagaza que permite a gente como él levantar el teléfono para amenazar a los directores de los periódicos con cortar el grifo si publican informaciones que no les retraten tan gallardos como se ven en el espejo.
La libertad es la gran artimaña de la partidocracia para domesticar a los votantes, obedientes clientes de un sistema donde no cabe el disenso descontrolado. Libertad, bonita palabra que nadie rechazaría y que estos titiriteros de la política, estos ilusionistas de barraca de feria, han reducido a eso: a una palabra. Un vacío cuya mera enunciación genera extáticos efectos pseudoreligiosos. Quizá lo único bueno de que el prestidigitador jefe le robara —intelectualmente no puede vivir sino del robo— a Umberto Eco la expresión «máquina del fango», es que ha recordado, para quien quiera escuchar, que no somos libres.
Que no son libres los jueces superiores, obedientes a sus padrinos. Que no son libres los jefes de los periodistas, sumisos a las llamadas amenazantes. Que no es libre la sociedad, en manos de trileros, ganapanes y arribistas.
«Avanza» se llama el nuevo chiringuito —ellos lo llaman «think tank» porque a los ordinarios todo lo dicho en inglés les parece extraordinario— del PSOE, último ingenio para freír cerebros y cocer conciencias a fuego lento. «Progreso», la palabra elegida para sustituir «socialismo» o «izquierda», que les parecerán ya demasiado radicales. «Progreso» es, como «libertad», una palabra taumatúrgica, que, aunque esté vacía de contenido, nadie se atrevería a atacar. Eso quieren, eso buscan solamente: palabras vacías en forma de cheques en blanco con los que sostener el negocio. ¿Avanzar, hacia dónde? ¿Progreso, respecto a qué? ¿Libertad, para quién?
Quizá debamos agradecerle al supremo ventilador del fango que por fin algunos hayan podido comprender aquel lema, «socialismo es libertad», que en 1976 sirvió para promocionar la escuela de verano del PSOE.
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