Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Zona Zero

Juan José Ventura

Juan José Ventura

Redactor especializado en branded content e información empresarial

Otra vez, los tontos de verano

Esta época del año es proclive a la aparición de personajes que, bajo una apariencia inocente, acaban sacándote los cuartos aprovechándose de tu prudencia

Solo podrá haber tres chiringuitos en la romería del Puerto de Plasencia.

Solo podrá haber tres chiringuitos en la romería del Puerto de Plasencia. / TONI GUDIEL

Sobre los tontos de verano, ya hizo una serie magistral de artículos el añorado Antonio Burgos, estableciendo distintas categorías y describiendo sus hábitats, escenarios y lugares de apareamiento. No quisiera añadir más leña al fuego, pero hoy voy a describir otra especie que pulula por los chiringuitos veraniegos, dando el palo a los incautos como yo. O sea, que, de tontos, tienen más bien poco. Explico su modus operandi, como aviso a navegantes.

Tú estás mirando al mar, como extasiado, dejándote llevar por los niños que juegan en el horizonte, los cuerpos esculturales de los bañistas y ese ‘pedalón’ que ya se ha perdido en la inmensidad mientras te preguntas: «¿Habrán llegado ya a África?».

Entonces caen sobre ti. Directos, acechantes, avasalladores: «¡Hombre amigo mío, cuánto tiempo sin verte!». Tú entonces sacas tu mejor sonrisa, una especie de mueca, porque de este tipo solo tienes vagas referencias. Buceas en tu cerebro y solo encuentras algunos flashes inconexos. En resumen: el tío que tan efusivamente te saluda, lo conoces, pero de refilón. Entonces el tonto de verano empieza a recordar escenarios compartidos: que si aquel partido de fútbol, que si aquella reunión con fulanito y zutanito. Tú has estado allí, pero de él ni flores, no te acuerdas apenas. 

Se aprovechan de tu prudencia y entonces, caes en la trampa. El tonto del verano levanta la mano y antes de que te des cuenta ya ha pedido dos cubatas. «¡Hombre! ¿Cómo me vas a rechazar esta invitación?», te dice. Y tú te lo crees, ingenuo. Es ahí donde realiza el driblaje, como un auténtico maestro del escaqueo. 

Tras un pestiño de conversación sobre temas comunes, en cuanto que vea que has desconectado un poco te lanza un «¡Uy, que me llama la señora, que ya está lista la paella!». Y hace mutis por el foro de la barra, sin pagar un céntimo de la doble consumición que te ha ‘jincado’, que tú no querías y que has aceptado por aquello de la educación. 

De camino al apartamento, puedes ver al tonto de verano, en otro chiringuito, tomando otro güisqui mientras le da el palo a otro ingenuo como tú. Ley de vida. 

Tracking Pixel Contents