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Opinión

El calor y el mar

Como las noches de verano sigan marcando más de 33 grados centígrados, no nos va a quedar más remedio que decir la calor, aunque a la Real Academia Española no le guste que lo digamos así

Recuerdo las clases de Literatura en el instituto, cuando nos hablaba el profesor del poeta Rafael Alberti. Nos explicaba los versos de ‘Marinero en tierra’ y nos hacía que prestáramos mucha atención a aquellos famosos versos que decían “El mar, la mar. ¡Sólo la mar!” El poeta jugaba con los artículos masculino y femenino y el profesor nos explicaba que ambas formas eran correctas, porque se trataba de un sustantivo ambiguo, o sea, que admitía tanto el género masculino como el femenino. Y, efectivamente, así era, pero en la decisión del uso del masculino y el femenino había un componente de sentimiento. Los que el mar lo teníamos lejos, no teníamos ningún problema en masculinizarlo, pero aquellos que tenían el mar muy cerca, se referían a él con el femenino. Y más todavía, utilizaban el mar en femenino aquellos que no solamente lo tenían cerca, sino los que vivían de él. Nunca he oído hablar a un marinero de el mar, sino de la mar.

Los marineros aman a la mar, la respetan, e incluso la riñen y se enfadan con ella cuando se adueña de la vida de algún marinero y les arranca bruscamente de sus familias. El mar es femenino para los que de verdad la quieren y la respetan, por eso Alberti, entre elegir el mar o la mar, eligió ¡Sólo la mar! Y quizás por eso también los ríos de Jorge Manrique van todos a dar a la mar. Esa conexión especial entre el mar y el hombre le inclina a utilizar el femenino, y es un uso, además, aceptado sin problema por la Real Academia Española.

No trata la Academia igual, sin embargo, en el uso indistinto del masculino o el femenino, cuando utilizamos la palabra calor. Para la Real Academia siempre será el calor, aunque no sea así para una gran mayoría de españoles. Lo mismo que el uso del femenino para el mar era señal de cercanía y profundo respeto y cariño hacia él, ahora los que se refieren al calor en femenino es para expresar un agobio aplastante e inaguantable que dura más días de lo deseado.

Raro es oír a alguien que diga la calor o mucha calor si vive por encima de la frontera de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Sin embargo, es muy normal oír a los que habitan en las provincias de Andalucía referirse al calor en femenino. Cuando sufrimos estas terribles olas de calor, que cada año son más intensas y duraderas, y le pregunto a mi amigo Cristóbal, que vive en Montoro, que qué tal está, lo primero que me contesta es “¡Mucha calor. Esta calor nos va a matar!”. Para él es “la calor”, aunque la Real Academia no lo admita, la forma más correcta para denominar a la razón por la que se están asando en Córdoba.

Nosotros aquí, en la tierra extremeña, estamos alcanzando ya unas temperaturas de calor que se hacen insoportables. Los extremeños decimos el calor, pero como las noches de verano sigan marcando más de 33 grados centígrados, no nos va a quedar más remedio que decir la calor, aunque a la Academia no le guste que lo digamos así.

*Ramón Gómez Pesado es exdirector del instituto Ágora de Cáceres

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