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Opinión | Tribuna

Imputado hasta el gato de Moncloa

Aquellos que venían a terminar con la corrupción han resultado ser peores que los cuarenta ladrones de la cueva de Alí Babá

Hace algunos meses ya les ponía en antecedentes por aquí, a raíz de la apertura de diligencias en el juzgado contra el hermano de Pedro Sánchez y el secretario general del PSOE extremeño Miguel Ángel Gallardo. En aquel momento no hice más que subrayar, en una reflexión abierta, que los extremeños no somos tontos, que todos conocíamos las razones por las que el señor Sánchez, Azagra o como quiera llamarse, ocupaba su puesto.

Lo que ha pasado ahora es que no solo se dedicaron a colocar a una familiar del presidente del Gobierno en un puesto creado especialmente para él tres días antes, le dejaron ‘teletrabajar’ a placer y disponer de las mejores condiciones laborables que he visto en mi vida, sino que además todo esto es muy probable que se hiciera de forma ilegal y que conllevara varios delitos.

Sinceramente, no debería haber hecho falta un juez para decirnos que esto era nepotismo, tráfico de influencias, colocación y en general una sinvergonzonería cometida a simple vista. Si los socialistas tuvieran un mínimo de dignidad, hubieran dimitido hace tiempo al conocerse el pastel, pero ya hace tiempo que nos percatamos de su catadura moral. La percibimos bien y ya han sido imputados. Es más, nosotros estamos personados en la causa e iremos hasta el final para que se haga justicia. 

Mientras tanto, ¿cómo responden en el PSOE? Todo es cosa de la malvada conspiración de la ultraderecha. El contubernio de medios propagadores de bulos y desinformación es el culpable. Nada de esto va con ellos. Pueden seguir así cuanto quieran. Sin embargo, la justicia en este país puede ser lenta, pero una vez se pone en marcha es como una apisonadora que acaba por aplastar al delincuente. 

Lo cierto es que la corrupción de Sánchez, el número uno, y del PSOE, alcanza ya todos los niveles y todas las cotas. Aquellos que venían a terminar con la corrupción han resultado ser peores que los 40 ladrones de la cueva de Alí Babá. Cada día conocemos una nueva parte de la trama, una nueva mordida, comisión, trabajillo, favor, colocación, filtración... A este ritmo, y parafraseando a uno de mis compañeros, va a acabar imputado hasta el gato de la Moncloa 

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