Opinión | Espectráculos
Bergamín, el irreductible

JOSE BERGAMIN JUNTO A OTROS MIEMBROS DE LA GENERACIÓN DEL 27.
Entre amigos literatos, hago la prueba a veces de preguntarles, incluso si no viene a cuento, si han leído a José Bergamín (Madrid, 1895 – San Sebastián, 1983). Salvo que se trate de alguien interesado en el exilio, la respuesta rara vez es afirmativa. Y sin embargo, en los años treinta Bergamín era considerado el intelectual español más importante, el sucesor, aunque fuera muy distinto, de Ortega y Gasset (Bergamín era más de Unamuno, a quien consideraba su maestro).
Su compromiso republicano lo obligó a marchar al exilio pero, con una valentía rayana en la temeridad, volvió a finales de los cincuenta. Como no se calló sus opiniones, tuvo que volver a exiliarse, siendo amenazado por el mismo Fraga. Retornado de nuevo en los setenta, no dejó de reivindicar la República, por lo que acabó expulsado de ‘El País’ y otros periódicos, quedándole solo la prensa abertzale y murió en el País Vasco, amante despechado de una España que no veía representada por la restauración borbónica. Ese final, cercano a Herri Batasuna, ha contribuido a que muchos le nieguen el pan y la sal y se enardezcan contra él. Pero Heidegger apoyó a Hitler y no por ello se puede negar que sea el filósofo más importante del siglo XX.
Extremadura está muy presente: no pocas escenas están rodadas en el casco antiguo de Cáceres, también salen la Plaza de Toros Era de los Mártires, con ocasión de una triunfal corrida de Palomo Linares, y el Monasterio de Guadalupe
En los años de su segundo exilio, Bergamín escribió el guion de la película ‘Los ángeles exterminados’ (1968) y la dirigió junto al búlgaro Michel Mitrani, con actores como un joven y brillante Paco Rabal. Recientemente, la sevillana editorial Athenaica ha publicado el guion de la película, con introducción y notas de Max Hidalgo, uno de los mayores especialistas en Bergamín. La película, que buscando un poco se puede encontrar en internet, es una verdadera maravilla, visual y literaria: una compañía de cómicos recorre en carreta los campos de España, representando clásicos como La Celestina, Peribáñez, o El estudiante de Salamanca, de Espronceda.
Extremadura está muy presente: no pocas escenas están rodadas en el casco antiguo de Cáceres, también salen la Plaza de Toros Era de los Mártires, con ocasión de una triunfal corrida de Palomo Linares, y el Monasterio de Guadalupe. En realidad, esta película podría ser, para alumnos de instituto, una magnífica introducción a la literatura española, por aportar una visión vivísima e inesperada de los clásicos castellanos, unos clásicos a los que dio nueva vida José Bergamín.
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