Opinión | Con permiso de mi padre
Horas para nada
Para el Año Nuevo, no olviden incluir tiempo para ustedes, aunque sea para aburrirse, que es una costumbre muy sana

Reloj
—¿Y tú qué vas a hacer estas vacaciones?
—¿Tienes planes?
—¿Vas a algún sitio?
—¿Te ha cogido días?
¿Se les ha ocurrido alguna vez la posibilidad de no hacer nada y limitarse a dejar pasar el tiempo? El dolce far niente que predicaban los antiguos y que no supone remordimientos ni sensación de improductividad. El simple placer de no tener que seguir un ritmo y relajarse incluso haciendo cosas cotidianas, pero sin querer extraer de ello más beneficio que el simple bienestar propio. Dormir cuando apetece, comer cuando hay ganas, leer, o simplemente ver pasar una nube.
Desde pequeños estamos atados a horarios, planes, actividades programadas y un control de lo que tenemos que hacer en cada momento. Hay una edad para cada cosa, desde estudiar una carrera a casarse, desde tener hijos a comprar una vivienda. Y lo cierto es que a menudo parecemos hámsters, dando vueltas alrededor de un trabajo, unas obligaciones, una hipoteca…
Imaginen por un segundo que hubiera otra manera de vivir que no conllevase conseguir unas metas concretas en un momento determinado; de vez en cuando, en alguna cadena no generalista, ponen (echan, que se dice por aquí) un reportaje sobre personas que llevan unos años viajando, conociendo todos los países posibles, parando cuando les apetece y asentándose por un intervalo, ganándose el alojamiento y la comida a base de trabajos esporádicos y reanudando su travesía al poco tiempo. Imagino que hay quien se pregunta qué va a ser de esos inconscientes el día de mañana, sin tener en cuenta que nadie nos garantiza contar con un mañana del que preocuparnos.
Quizás hay otras maneras de pasar la vida sin tanto encorsetamiento y obligación impuesta, porque al fin y al cabo parece ser que sólo hay una existencia y la mayoría de la gente se arrepiente más de lo que no hizo que de lo hecho. Tiene que haber, casi seguro, un término más o menos medio entre la irresponsabilidad y la dejadez y las obligaciones esclavizantes
No piensen que abogo por dejarlo todo (o nada, que dirían algunos) y echarse una mochila a la espalda y a ver qué pasa. Lo que quiero decir es que quizás hay otras maneras de pasar la vida sin tanto encorsetamiento y obligación impuesta, porque al fin y al cabo parece ser que sólo hay una existencia y la mayoría de la gente se arrepiente más de lo que no hizo que de lo hecho. Tiene que haber, casi seguro, un término más o menos medio entre la irresponsabilidad y la dejadez y las obligaciones esclavizantes.
Me da mucha pena que hay quien pase los días en una carrera por alcanzar los viernes, por que sea Semana Santa, por los quince días del verano… Más que nada es que, de repente, se cruza lo inesperado y todo lo que creíamos inamovible se tambalea y se desmonta. Así es la vida, imprevisible.
Por todo esto, como consejo no pedido, les sugiero que, entre las cosas que desean para el Año nuevo, no olviden incluir tiempo para ustedes, aunque sea para aburrirse, que era una costumbre muy sana y que ayudaba a ser más creativos y estar menos estresados. Tiempo para darnos cuenta de que el tiempo pasa y no podemos comprar más. Tiempo para sentir que aún estamos vivos. Feliz Navidad.
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