Opinión | Espectráculos
Doble filo, dos orillas

César Vallejo
Aunque parezca inevitable, resulta un sinsentido ordenar por nacionalidades la literatura pues esta, cuando es original, nos alcanza en nuestra línea de flotación, venga de un vecino o del otro lado del mundo. En nuestro caso, además, deberíamos mirar a la literatura en español, más que a la simplemente española, ya que tenemos el privilegio de pertenecer a una tradición transcontinental, al contrario que la literatura italiana o alemana, por ejemplo. Tan nuestro es César Vallejo o Alejandra Pizarnik como Cervantes o Cernuda, y estos últimos pertenecen a la tradición de cualquiera que hable español, desde California a la Patagonia.
Claro que hay un inmenso océano por medio, y dependemos del criterio editorial para enterarnos de obras y autores que pueden aportarnos mucho. Gracias a la editorial Renacimiento, que acaba de publicar el poemario Doble filo, supe de la poesía de Marialuz Albuja Bayas (Quito, 1972), que me descubrió una escritura que combina ironía y desgarro, buceo en los traumas personales con un quitarse importancia, frente a la solemnidad un tanto ridícula de ciertos y ciertas vates de la patria.
Tan nuestro es César Vallejo o Alejandra Pizarnik como Cervantes o Cernuda, y estos últimos pertenecen a la tradición de cualquiera que hable español, desde California a la Patagonia
El libro se organiza en un tríptico de esmerada arquitectura que, al ir desplegándose, profundiza en el mundo de la autora: “Autorretrato (de doble filo)”, “Lengua (de doble filo)” y “Arma (de doble filo)”. La primera parte enlaza con toda la obra anterior de la autora, cuatro poemarios publicados a lo largo de quince años y reunidos en el volumen Autorretrato, publicado hace poco en Ecuador.
Como en esos libros, se tratan las relaciones familiares con la conciencia de los lazos que a veces ahogan y que sin embargo son imprescindibles. No falta la ironía hacia esa ideología de las posibilidades que no logra engañarla, “como si elegir fuese igual a ser libre” y del azuzarnos hacia triunfos inverosímiles, cuando a veces, “detrás de la pérdida, el mundo”. Lejos de cualquier literatura tan reivindicativa como ñoña, la poeta rechaza los victimismos y, en su “Elogio de mi peorversión” se reivindica en una libertad salvaje, ajena a permisos y consentimientos.
Su escritura, clara pero nunca previsible, realiza a veces juegos de palabras que me resultan afines, como en su poema “Des(a)tino”, y muestra hondura filosófica que, para nuestro disfrute, trata como un juego, como en su “Dasein (con licencia poética)”.
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