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Opinión | Tribuna

El imparable crecimiento de la economía mundial

La presión inflacionista hace que los Bancos Centrales sean cautelosos a la hora de flexibilizar la política monetaria

Bolsa española

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Dejando a un lado a la nobleza, hasta el siglo XVIII, la población mundial vivió en la pobreza. Una buena prueba de ello es que, desde el año cero hasta 1800, el PIB solo se multiplicó por 6. Sin embargo, a partir de la Primera Revolución Industrial hasta nuestros días, el PIB por habitante se multiplicó por 8,5. El siglo XX ha sido la época más próspera de toda la historia gracias a los descubrimientos científicos que convirtieron la ciencia ficción de entonces en la ciencia real de hoy.

Nuestros antepasados más cercanos y nosotros mismos hemos notado cómo se ha ido transformando el mundo. No quiero ni imaginarme qué pensarían nuestros tatarabuelos si levantasen la cabeza y vieran que el PIB mundial se ha incrementado en un 5.000%, la renta por habitante un 800% y la población mundial ha experimentado un incremento de un 500%.

No quiero ni imaginarme qué pensarían nuestros tatarabuelos si levantasen la cabeza y vieran que el PIB mundial se ha incrementado en un 5.000%, la renta por habitante un 800% y la población mundial ha experimentado un incremento de un 500%.

Todo este cambio proviene de la acumulación del capital físico y humano, del aumento del intercambio entre países, de la globalización y, sobre todo, del desarrollo de las tecnologías. Pero todavía no se ha conseguido erradicar la pobreza, ni el éxodo rural, lo que hace que la población no esté equilibrada, al menos, en lo que a finanzas se refiere.

El crecimiento que ha experimentado la economía no ha sido uniforme, ha habido grandes crisis, fracasos, desastres que se han ido sobrellevando y luego todo ha salido fortalecido. Si se mira al pasado más reciente, nuestros abuelos se esforzaron mucho más que nosotros, sin embargo, nosotros somos 7 veces más ricos que ellos, quizás debido a aquellos cimientos que ellos nos dejaron como legado.

El mundo laboral en los países desarrollados ha sufrido una mutación sin precedentes. La agricultura fue la gran generadora de empleo hasta el año 1800, que comenzó a declinar. La causante fue la Revolución Industrial. Prueba de ello es que desde 1800 a 1950 las fábricas fueron las que mantenían la mayoría de la mano de obra. Pero, como todo está en constante evolución, la modernización de las máquinas trajo consigo un aumento de la productividad, lo que provocó una disminución en la contratación en la industria, haciendo que sea el sector servicios el que genere la mayoría del empleo.

La producción española quedó marcada por la Guerra Civil que frenó casi 100 años de crecimiento sostenido, aunque irregular. Los niveles de producción vuelven a dispararse a partir de 1950 hasta nuestros días, dejando por el medio algún que otro cadáver: la crisis del petróleo de 1973 supuso un frenazo que se dejó los neumáticos en el asfalto.

La elevada deuda y los altos costes ponen de relieve la necesidad de que se equilibre las cuantiosas necesidades de inversión con la sostenible unidad fiscal.

Según el Banco Mundial, la inercia del pasado continuará. La presión inflacionista hace que los Bancos Centrales sean cautelosos a la hora de flexibilizar la política monetaria. La elevada deuda y los altos costes ponen de relieve la necesidad de que se equilibre las cuantiosas necesidades de inversión con la sostenible unidad fiscal.

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