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Opinión | Nueva sociedad, nueva política

Sin presupuestos y a lo loco

Puigdemont no es perfecto, pero a Sánchez le sirve

Sánchez junto a Illa

Sánchez junto a Illa

En las últimas elecciones alemanas, el pasado 23 de febrero, con una participación del 82,54%, la extrema derecha nostálgica de Adolf Hitler fue segunda fuerza, subiendo un 114,8%, superando por más de cuatro puntos a la socialdemocracia, y venciendo con claridad en la Alemania ex comunista. Socialdemócratas y conservadores insisten, tras la derrota, en firmar otra gran coalición, como la que condujo a este resultado.

Lo de Alemania es un aviso para todo el mundo. No solo porque llueve sobre mojado, sino, sobre todo, porque apunta a una de las derivas más destructivas de la ultraderecha internacional —abiertamente nazi— y porque certifica a las dos grandes formaciones clásicas (la derecha católica y la socialdemocracia) como dos boxeadores noqueados que se abrazan para no caerse.

Es urgente ver los signos de esta evolución en España. Silvia Orriols, presidenta de Aliança Catalana, logró ser alcaldesa de Ripoll, entre 2019 y 2023, defendiendo posturas xenófobas y antiespañolas, gracias a la posición de los concejales del partido de Puigdemont. Orriols es racista y supremacista, pues considera inmigrantes a todas las personas no nacidas en Cataluña. En las elecciones autonómicas del año pasado obtuvo 120.000 votos y dos escaños, lo que obliga a Puigdemont a dejarse llevar hacia esas posturas para poder competir electoralmente en el futuro con Aliança Catalana.

Lo de Alemania es un aviso para todo el mundo. No solo porque llueve sobre mojado, sino, sobre todo, porque apunta a una de las derivas más destructivas de la ultraderecha internacional —abiertamente nazi— y porque certifica a las dos grandes formaciones clásicas (la derecha católica y la socialdemocracia) como dos boxeadores noqueados que se abrazan para no caerse

En este contexto, Pedro Sánchez, haciendo malabarismos sobre su inestabilidad parlamentaria, pactó con Junts ceder la política de inmigración a Cataluña y, ahora, enviar allí apenas un 3% de los menores no acompañados que recibirá Madrid.

En la excelente comedia de Billy Wilder «Con faldas y a lo loco» (1959), los personajes interpretados por Jack Lemmon y Tony Curtis se disfrazan de mujer para salvar la vida; a medida que van acumulando peripecias, descubren las ventajas de su travestismo, llegando a hacer suyo el papel hasta tal punto que un hombre se enamora del personaje de Lemmon. En la magistral escena final, Lemmon, aún disfrazado, trata de poner mil excusas por las que no puede casarse con él, que el otro rechaza con tal de seguir adelante con la boda, hasta que decide quitarse la peluca, dejar de fingir voz femenina, y reconocer que es un hombre. «Nadie es perfecto», recibe como respuesta.

Puigdemont ha evidenciado en numerosas ocasiones que no es una buena compañía para Sánchez. Ahora Carles ya se ha quitado la peluca y le ha gritado: «¡Soy fascista!». Y Sánchez, como aún cree que tiene alguna esperanza de seguir mandando, ha respondido: «Nadie es perfecto».

En su huida hacia delante por aprobar los presupuestos y sostenerse en el poder, el presidente ni aprobará los presupuestos ni mantendrá el poder, pero dejará como herencia unas ultraderechas, española y catalana, mejor alimentadas que nunca. La misma herencia nazi que deja la exánime socialdemocracia alemana con tal de mantener la ficción de que es algo distinto a la derecha.

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