Opinión | La curiosa impertinente
Cosas de la televisión

Pedro Sánchez en una entrevista en RTVE.
A menudo me refugio en la 2. En Cifras y Letras, Montalbano y Cine clásico, que ahora dedica un ciclo a Hichcock, magistral hasta en sus obras menores por su intriga, sus heroínas, ya se trate de Tippi Hedren, Ingrid Bergman o la fascinante Joan Fontaine y sus héroes, James Stewart, Cary Grant, Gregory Peck o el imbatible Sean Connery, capaz de enamorar hasta a su traumatizada mujer en Marnie, la ladrona. Sin duda uno de mis ídolos favoritos con permiso de George Clooney, que hoy alcanza en el ranking particular casero el honor de caballero andante superior por decir la verdad sobre Trump y por los insultos recibidos del grotesco mandatario.
Otras veces pongo Antena 3 para ver noticias no demasiado sesgadas, aunque también en esa seria cadena sucumben a llamar parejas de Ábalos a aquellas numerosas protagonistas de uno de los episodios más cutres del gobierno de Sánchez. Me gusta el telediario de Sandra Golpe, conductora capaz de seguir sonriendo por profesionalidad, solvencia o para no amargarnos más la tarde, incluso cuando informa sobre las instrucciones de la UE para que cada europeo prepare un kit de seguridad con seis litros de agua por persona, cerillas, linternas, pilas, navajas y mantas para aguantar 72 horas en caso de invasión, desastre natural o vaya usted a saber qué catástrofe.
Entiendo el poder de la televisión, incluso en estos tiempos de redes sociales desatadas, el ansia o cabreo de Sánchez por no haber conseguido todavía su Telepedro
Conjuro la angustia sorda pero latente con Hércules Poirot, enemiga declarada de telenovelas que matan a sus protagonistas, que tras Juego de Tronos todas las producciones se han dedicado a acabar con sus personajes carismáticos en pro de unos guiones cada vez más enrevesados. Y por eso y mucho más entiendo el poder de la televisión, incluso en estos tiempos de redes sociales desatadas, el ansia o cabreo de Sánchez por no haber conseguido todavía su Telepedro y hasta el hecho de que la desconocida ministra de infancia protestara en las mismas por que una tertuliana de Motos afirmara que nadie sabía quién era tal ministra y que su ministerio era una inutilidad absoluta. Y con este guiño, la felicito por preferir el Hormiguero a la otra.
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