Opinión | Jueves Sociales
Vargas Llosa
Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de los lectores, y por eso los mandos de la academia militar quemaron ejemplares de La ciudad y los perros

Vargas Llosa / EL PERIÓDICO
Las novelas mienten, escribió Vargas Llosa en La verdad de las mentiras, pero mintiendo, expresan una curiosa verdad, que solo puede expresarse encubierta, disfrazada de lo que no es. Esta aparente paradoja la explica contándonos que toda novela nace de una insatisfacción, de una inconformidad, de la necesidad de aplacar el apetito por vivir otras vidas que todos tenemos, seamos o no felices, porque ese deseo está en nuestra condición humana.
Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de los lectores, y por eso los mandos de la academia militar quemaron ejemplares del libro La ciudad y los perros, porque se veían retratados, y por eso también la tía Julia se enfadó tanto por La tía Julia y el escribidor. Incluso publicó otra obra para desmentir las mentiras y aclarar la verdad de una historia que parece pertenecer al mundo de la imaginación, aunque sea cierta.
Verdad y mentira
Verdad y mentira, ficción y realidad, conceptos difíciles de explicar a un lector que devora Conversación en la catedral, La fiesta del chivo o Pantaleón y las visitadoras, una mezcla (sobre todo el segundo) de lo que pudo ser y a lo mejor fue que atrapa en la descripción del horror y lo hace tan cercano que uno quisiera dejar de leer y no puede. Pero lo mismo sucede con la inocencia del soldado que dirige un burdel perdido en mitad de la selva o la iluminación del predicador de La guerra del fin del mundo. Todo puede ser verdad y todo es mentira, porque cualquier hecho que se traduzca a palabras se convierte en otra cosa, no en el hecho en sí.
Toda buena novela dice la verdad y toda mala novela miente, si no es capaz de persuadir al lector
El escritor juega a representar la vida, pero en realidad lo que hace es cambiarla, ordenarla, dotarla de un principio y hasta un final. Darle sentido, al fin y al cabo. Toda buena novela dice la verdad y toda mala novela miente, si no es capaz de persuadir al lector. A mí Vargas Llosa me deslumbró durante mucho tiempo, aunque sus últimas obras ya no me persuadían.
A mí Vargas Llosa me deslumbró durante mucho tiempo, aunque sus últimas obras ya no me persuadían
Pero en mis recuerdos quedará como un escritor de tamaño descomunal, un gigante, alguien capaz de inventar lo cotidiano de tal manera que te sumergías en las páginas sin necesitar oxígeno para respirar, sin respirar siquiera, porque lo que contaba estaba por encima de sus opiniones neoliberales, de sus ideas, de las revistas del corazón, eran una carta de amor de alguien que las fabuló porque no pudo vivirlas, una carta a sus lectores, que aumentamos nuestra vida al leerlas, que nos dejamos atrapar por la verdad de sus mentiras, algo solo al alcance de los escritores como él, que nos hizo menos esclavos y más libres.
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