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Opinión | Zona Zero

Juan José Ventura

Juan José Ventura

Redactor especializado en branded content e información empresarial

La educación: fracaso general

La suspensión de empleo y sueldo para una profesora en Cáceres por supuesta mala praxis pone sobre la mesa el debate de los buenos y malos profesores, y los buenos y malos alumnos

Una profesora imparte clase a alumnos en un aula

Una profesora imparte clase a alumnos en un aula

No voy a entrar en el caso concreto porque no es mi función, pero si quisiera abordar la devaluación de la figura del docente y la absoluta dejadez que se observa en algunos chavales, afortunadamente no en todos los casos. Un cóctel mortal y de moda. 

Han cambiado muchas cosas en la enseñanza durante la última década. Primero en el ámbito familiar, en el que ni se enseña nada ni se estimula el aprendizaje. Las bibliotecas en los domicilios se han adelgazado hasta límites insospechados. Los padres no recomiendan libros y muchas veces se limitan a organizar el acceso a las pantallas digitales. Me he topado con muchos que, por la calle, no miran a sus hijos y están pendientes solo del móvil, instrumento de salvación para que los progenitores puedan pasar un momento de alivio. ¿Por qué no darles un libro? Siempre será un buen acompañante y les hará plantearse su relación con la realidad, cuestionarse todo. Lamentablemente, los niños se limitan a leer (y no siempre) estrictamente los contenidos obligatorios. Una pena.

Los docentes han dejado de ser autoridad y referente. Es verdad que me encontré con muchos que hacían realidad el refrán “la letra con sangre entra”. En la escuela, don Antonio me dio un buen coscorrón porque no comprendía el número ‘pi’ de la circunferencia. Aún me pica la cabeza. Aquello no fue lo más óptimo, pero todavía no se me ha olvidado. Tuve un muy conocido profesor de latín en bachillerato que vejaba a los alumnos cuando los sacaba a declinar al encerado y recuerdo cómo lo hizo con un compañero homosexual. Le preguntó si él era del «género neutro». En el lado contrario, nuestra profesora de griego nos hizo amar la cultura helénica con tanta pasión que me hice lector de Konstantínos Kaváfis y Odiseas Elitis en griego moderno. En la universidad tuve de todo: desde quienes nos miraban desde la estratosfera de su cátedra hasta los que avivaron con ahínco la llama de la vocación periodística.

Lo que estamos viviendo es la materialización de un fracaso de la sociedad entera, que no ha entendido la importancia de la educación, ha desautorizado a los profesores y ha bajado el listón a los alumnos hasta niveles abisales. Todos somos culpables de este desastre. Suspenso y fracaso general.

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