Opinión | Editorial
Yuste recoge el SOS de los valores europeos en el nuevo orden mundial
Josep Borrell lanzó este viernes una llamada urgente para salvar los principios democráticos de la UE, ahora amenazados por la guerra, el odio y la inestabilidad social

Josep Borrell recoge el premio Carlos V en el Monasterio Yuste, este viernes. / TONI GUDIEL
El Monasterio de Yuste fue refugio personal y espiritual para el pionero en la concepción de una gran Europa, Carlos V. Casi cinco siglo después de la muerte del emperador, el monasterio, gracias a la Fundación de Yuste, que recogió el testigo europeista y de enlace con Latinoamérica, sigue siendo un lugar de encuentro donde debatir y reconocer la fuerza del latido de una Unión Europea que se encuentra en plena zozobra. El proyecto nacido de un sueño para la paz afronta el reto de su propia supervivencia, acuciado por un nuevo orden mundial en el que los valores de la comunidad surgida en un continente devastado por dos guerras en el siglo XX se encuentran en auténtico peligro.
Las palabras de los mandatarios europeos que, en los últimos 30 años, han recibido el premio Carlos V han sido, hasta ahora, mensajes de esperanza y de consolidación aún en medio de crisis políticas y económicas, aunque con la fragilidad de la unión política y la armonización fiscal como deberes pendientes perpetuos como telón de fondo.
Borrell no esquivó los desafíos
Las palabras del premiado de este año, Josep Borrell, expresidente del Parlamento Europeo, recién acabada su labor como jefe de la diplomacia comunitaria, han trascendido todos los debates. El ex alto cargo para Asuntos Exteriores lanzó una llamada urgente a actuar de forma decidida para salvar los principios democráticos que fundamentan la UE y que ahora se ven amenazados por un mundo en el que vuelven a galopar con fuerza los caballos de la guerra, el odio y la inestabilidad social.
Borrell, en su discurso, no esquivó los desafíos que enfrenta Europa. Con una claridad contundente, afirmó que la paz no es un estado natural, sino una construcción que requiere esfuerzo y compromiso, asumir riesgos y responsabilidades e incluso pasar a la acción frente al tridente de tres grandes potencias: Estados Unidos, Rusia y China, ocupados en ambiciones imperialistas que dejan al lado la protección de los más débiles y pilares democráticos esenciales como la educación y la igualdad de oportunidades. El político vino a dejar muy claro que Europa se ha quedado sola en ese sueño por la paz, que ahora solo parece posible desde el «rearme sólido» y de colaboración entre los estados miembros de la UE. Una medida polémica que responde a la necesidad de que la UE deje de depender de terceros para su seguridad.
Se trata, otra vez, de reiventar Europa, según las palabras del rey Felipe VI, reivindicando que su fortaleza radica en la unión y en la defensa «del derecho sobre la imposición». El mensaje de Yuste resuena en un continente que, a pesar de sus logros, afronta desafíos existenciales que corresponde asumir a la generación más joven, la nacida y crecida en un entorno privilegiado en cuanto a derechos y libertades, del que no es, del que no somos, del todo conscientes.
Los deberes de Europa
Todo el acto de este viernes en Yuste ha sido un recordatorio constante de que Europa debe seguir evolucionando. La paz, la estabilidad y la prosperidad no pueden darse por sentadas. El futuro de la UE dependerá de su capacidad para adaptarse, reforzar su autonomía y mantener su papel como garante de los valores democráticos. Este premio Carlos V, en su 30º aniversario, no solo celebra el pasado, sino que marca un punto de inflexión para el futuro europeo. La pregunta que queda en el aire es: ¿será capaz Europa de responder a la llamada de Borrell y asumir el liderazgo que el mundo necesita? La respuesta se antoja enormemente complicada si la Unión sigue sin hablar con una sola voz. Lo hizo con Ucrania, al menos al principio de la invasión rusa, pero calla ante Gaza. Un ejemplo de exterminio étnico, señaló Borrell, como el Holocausto judío de hace 85 años contra el que muchos prefieren mirar a otro lado. El premiado este pasado viernes lo hizo de frente y sin ambigüedades, al hablar de este nuevo mundo que se adivina a años luz de distancia de la integración soñada por Albert Schuman en los años 50.
Yuste se ha reivindicado en su 30 aniversario como foro de reflexión capaz de arrojar luz en un camino incierto que necesita diálogo, pero, indudablemente, necesitará también coraje y acción para sortear la peor crisis desde la II Guerra Mundial.
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