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Opinión | Extremadura desde el foro

Bancos, bajo la alfombra

Las pymes no tienen margen para devolver los préstamos ICO

Montero y Calviño presentan los créditos ICO en noviembre de 2020.

Montero y Calviño presentan los créditos ICO en noviembre de 2020.

El viento de cola para la economía española, ese mástil de proa de un gobierno escrutado interna y externamente, se confirma al cierre del primer trimestre del ejercicio. Un crecimiento del 0,6% trimestral y un 2,8% interanual por el que muchos sacan pecho (pese a no cumplir enteramente los pronósticos). Debiéramos apuntar que las estadísticas, como los bikinis, que afirmaba el entrenador, muestran mucho pero a menudo ocultan lo más relevante. Obviar las amenazas de la economía española sólo es el camino para acrecentar futuras debilidades, pero no es menos cierto que el comportamiento es superior a las economías análogas de nuestro entorno y que, incluso con una coyuntura geopolítica endiablada, la resistencia de los principales indicadores es notable.

Esta bonanza tiene vasos comunicantes con la salud de nuestras entidades financieras. Monitorizados por el BCE durante más de una década, muestran buenas ratios en sus “colchones” de liquidez y solvencia (pese a que la capitalización de algunas entidades no sea para permitirse relajaciones, con un 12,7 % general que no pasa de aprobado raspado). El crédito sigue fluyendo, la tasa de morosidad controlada (3,25%, niveles precrisis financiera), el inmobiliario en una parte del ciclo ajeno a sustos. Sí, hay escasa competencia, sus precios son más altos que sus homólogos europeos y el crédito comercial (especialmente, tarjetas y líneas de consumo) vive un modelo de expansión que emite señales de saturación. La casa, parece, en pleno orden.

Tanta armonía puede escamar, y por eso conviene airear bien el salón y, claro, mirar debajo de la alfombra. ¿Encontraríamos algo? Veríamos los vestigios de una estrategia mal ejecutada: los créditos ICO durante la pandemia.

Tanta armonía puede escamar, y por eso conviene airear bien el salón y, claro, mirar debajo de la alfombra. ¿Encontraríamos algo? Veríamos los vestigios de una estrategia mal ejecutada: los créditos ICO durante la pandemia.

Esta herramienta fue profusamente usada por los bancos para prestar, especialmente en el inicio de los confinamientos, con el aval público. Sin actividad de ningún tipo fue un perfecto salvavidas para muchas empresas que convivían, además, con una incertidumbre no sólo sobre el final de la pesadilla sino de sus efectos reales. Las entidades, con una práctica diligente que fue asimismo clarividente, destinó fondos a financiar exclusivamente a sus clientes y a refinanciar a aquellos que llegaban en peores condiciones (es decir, a cubrir sus posiciones). Ni el reparto fue simétrico ni llegó de igual manera a sectores y compañías.

Ocurre que en un país con tejido empresarial compuesto en una abrumadora mayoría por pymes y microempresas, con escaso músculo financiero y estructuras poco o nada escalables, un ‘hueco’ en la línea de ingresos de 3,6 ó 9 meses no requiere parches temporales. Y eso eran (son) las líneas ICO. Simplemente, no hay margen para la devolución de estos préstamos, por no hablar de los que están en reestructuración o situación concursal (a las que el ICO directamente ni da respuesta).

Con todo, no es ni de lejos un problema generado por nuestro sistema financiero, que actuó de perfecto canal. Sino del diseño de un ‘escudo’ empresarial que tenía por objetivo real la protección de las arcas públicas. Habrá patada adelante, porque interesa a todos. No deja de ser una improvisación tras otra (como la moratoria societaria de pérdidas derivadas del Covid), que no ataca el problema de frente y que deja los deberes para última hora. Bien escondido (bajo la alfombra).

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