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Opinión | En mi atalaya

Mérida

'Cadacé' en Mérida

En el lenguaje peculiar de Don Benito, se traduce en un 'por supuesto'

Zona centro de Don Benito.

Zona centro de Don Benito. / EL PERIÓDICO

¿Ande andas? Me pregunta Pelín con su habitual economía del lenguaje. Se encuentra melancólico pese a que estamos en mayo y, cuando le pregunto, me dice que está en fuera de juego. "Menos a ti, si estoy con los vivos les doy miedo, si me junto con otros fantasmas, me siento incomprendido" ¿Por qué? "Porque soy del Atleti". Pues eso nos pasa a muchos mi estimado Pelín, pero volviendo a tu pregunta: "Voy a Don Benito a un bautizo", le respondo eufórico, consciente que un bautizo, tal y como se está poniendo la vida, es uno de esos pequeños actos que a veces nos hacen tan felices.

Y digo a veces porque bautizar se está convirtiendo en un hecho excepcional, primero porque se trata de un recién nacido y después porque ingresa en la Iglesia Católica, mi club de toda la vida (y más allá) y bajo la tutela del mejor entrenador de la humanidad, el Espíritu Santo, coach que ha sobrevolado estos días con guasa el otro Estadio Romano (el Vaticano) riéndose de los enterados, vaticanistas y gente tan bien informada que no han dado ni una y ahora andan enredando.

Que el espíritu sopla por donde quiere ya lo hemos comprobado y, con este, no hay apagones que valgan, siempre da luz. Y, como jamás se demostrará lo contrario, no hay comparación entre un hijo y un perro. Yo soy orgulloso abuelo de nietos pero ¡ay! también tengo perrinietos y a estos últimos no hay manera de bautizarlos ni me cuidarán en mi vejez (ya se atisba) por la sencilla razón de que durarán menos y no contribuirán a mi pensión. No me desanimo, porque los sueños se pueden hacer realidad si tenemos Fe. Y en eso me encuentro.

Lenguaje peculiar

Total, como Pelín casi es de la familia, le he dicho que si quiere acompañarnos al bautizo y el muy fantasma en plan calabazón me ha respondido: "Cadacé”. Y ahí quería llegar yo. 'Cadacé' en el lenguaje peculiar de Don Benito se traduce en un "por supuesto", "naturalmente"; no seré tan zorondón como para ignorar que en la capital de las Vegas Altas del Guadiana existe un habla característica que lamentablemente está desapareciendo pues quienes la hablaban habían nacido en los primeros 50 años del siglo pasado y son sus bisnietos (aquí sí) los que aún la mantienen esporádicamente.

Dice mi admirado Manolo Casado que él habla español como se lo enseñaron a hablar sus padres, como se habla en Don Benito, no seré yo quien cuestione a un catedrático prestigioso (no que no, dicen por la calle Arrabal) pero me apena que se vaya perdiendo esa manera de hablar tan "aparente". Porque si te pica el eslabón, prepara la pala y el azadón. Y, eso, también es calabazón.

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