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Opinión | Trazos y travesías

Sheila albalate

Bruce, Sophie, Taylor...

Taylor Swift

Taylor Swift

La hija del fallecido escritor Paul Auster, Sophie Auster, se encuentra de gira presentando su último disco, donde trata temas como el duelo, los retos de la maternidad y el arte. En las entrevistas más recientes que ha concedido, entre ellas a este diario, asegura estar considerando la posibilidad de emigrar a Noruega, tierra de sus abuelos maternos. La razón para esta decisión drástica conecta directamente con las amenazas que Donald Trump está lanzando contra los artistas que apoyaron a Kamala Harris o que han manifestado desacuerdo con sus prácticas ilegales, como la archiconocida corrupción interna de su gobierno.

Bruce Springsteen, desde Alemania, también se ha mostrado en contra de las actitudes matonas del líder narcisista de moda. La respuesta de Donald Trump no se ha hecho esperar. Le insta a regresar a Estados Unidos, tachándole de antipatriota y de ciruela pasada del rock. Trump va a degüello contra todo aquel que se le enfrente, así sea de un modo sutil. Él no domina eso de no tomarse todo a lo personal.

Trump va a degüello contra todo aquel que se le enfrente, así sea de un modo sutil. Él no domina eso de no tomarse todo a lo personal.

Taylor Swift es otro ejemplo del odio que el presidente derrama a su paso. El pecado de la artista fue apoyar a Kamala Harris en sus shows. Como ya nos ha demostrado en repetidas ocasiones, si hay algo que él rechaza, es la libertad de expresión. Excepto cuando se trata de sí mismo. Sus talentos básicos incluyen el insulto y la amenaza. La última, ordenar una investigación sobre aquellos artistas que le han ido en contra en la época de recogida de votos. Mientras levanta cortinas de humo con las que tenernos entretenidos y sometidos al miedo en tono fascista, rompe con el sistema democrático y corta alianzas con universidades tan prestigiosas como Harvard. Su intención es impedir que estudiantes extranjeros opten a cursar estudios allí. De modo que quien piense que los golpes de estado en las grandes potencias mundiales son cosa del pasado, sólo ha de darse una vuelta por las informaciones que nos llegan de gobiernos como el de Norteamérica. A lo mejor va siendo hora de redefinir qué es una dictadura, así haya sido elegida por la mayoría.

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