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Opinión | Tribuna

Simbolismo, lenguaje y cultura como proceso prospectivo bayesiano generador de realidad

El lenguaje y la cultura son ambos un proceso donde no podemos tener cultura sin lenguaje y no podemos tener lenguaje sin cultura

Gustavo Bueno sostiene que el concepto de ‘cultura’, cuando se convierte en mito, pierde su capacidad explicativa y crítica

Gustavo Bueno sostiene que el concepto de ‘cultura’, cuando se convierte en mito, pierde su capacidad explicativa y crítica / LNE

Extraer características esenciales de una idea, nos permite entendernos y en este sentido vamos a confrontar dos conceptos, mecanismo vs. proceso, para poder comprender. Así, el mecanismo del engranaje de un reloj es un movimiento inherente a las características de los elementos constituyentes que lo generan. En el momento que éstos se modifican, el movimiento no existe, y usamos la expresión ‘se ha roto el mecanismo’. El proceso es aquel movimiento que es independiente de las características de los elementos que lo generan. No podemos decir, ni usamos la expresión, ‘el proceso se ha roto’, en todo caso decimos ‘el proceso se ha interrumpido’.

En este contexto el lenguaje y la cultura son ambos un proceso donde no podemos tener cultura sin lenguaje y no podemos tener lenguaje sin cultura. A esto alude Wittgenstein cuando expresa que el lenguaje es una «forma de vida», al igual que la cultura. El correlato neurobiológico de esta afirmación estaría relacionado con cómo el cerebro procesa el lenguaje dentro de un contexto social, personal y emocional, integrando múltiples redes neuronales que vinculan la cognición, la emoción y la interacción social. Las palabras no solo son signos, sino vehículos de experiencia emocional y social, son ‘vida’.

Proceso generador

La cultura es un proceso generador, creador de algo que no está ligado a un punto de vista y tampoco es un contenido, aunque un punto de vista puede transformarse en un contenido que es generado por el proceso, al tiempo que puede concurrir en la génesis del proceso. ¿Cuál es la prueba de que la cultura es un proceso y no un contenido? 

En el lenguaje no tenemos la no-cultura, no tenemos términos para definir la oposición semántica de cultura, así que o está el proceso o no tenemos nada, no existe la dimensión anti-generadora de la cultura.

En el lenguaje no tenemos la no-cultura, no tenemos términos para definir la oposición semántica de cultura, así que o está el proceso o no tenemos nada, no existe la dimensión anti-generadora de la cultura. En cambio el contenido puede estar o no estar; puede pertenecer a la normalidad o a la desviación, pero normalidad y desviación pertenecen al mismo proceso cultural, no existe el proceso de la cultura desviada y el proceso de la cultura normal.

 Normalidad y desviación, por lo tanto, representan contenidos generados por el proceso cultural. No existe el opuesto del proceso, como tampoco existe la ausencia del proceso, pero sí tenemos la biología del proceso. En consecuencia no es posible afirmar que exista alguien que tiene o que no tiene la cultura, toda la especie sapiens contiene el proceso. Esta es la causa de porqué nuestro lenguaje ordinario no tiene un opuesto semántico a la cultura. Simplemente la diferencia cultural no puede existir, la cultura no puede ser diferente, entonces no existe la cultura de este tipo y la cultura de este otro tipo. Puede que esto no guste a mucha gente, aunque podríamos preguntarnos ¿por qué?

No es posesión de nadie

La cultura al construir, no se circunscribe a nada, pertenece a todos y no es posesión de nadie. La formalización del lenguaje y la utilización de lenguajes formales y no formales, pertenecen y caracteriza a nuestra especie. Sin lenguaje no podríamos generar un proceso cultural en cuanto que el lenguaje es el proceso, los elementos de contenido no caracterizan el proceso, por más que formen parte del mismo. Estar en el proceso implica generar cultura.

El término cultura deriva del latín ‘cultus’: cultivar, cultivo, en sentido ‘moral’, civilización, erudición. No se puede separar quien cultiva de qué se cultiva, sin el cultivo no tenemos algo que es cultivado; y también lo cultivado no puede prescindir de que alguien cultiva. No es posible separar el contenido del proceso; el contenido puede existir o no, el proceso como dimensión creadora de cultura, no puede no existir, no permite que alguien no tenga la cultura, no podemos, por lo tanto, excluir a alguien de pertenecer a una cultura así como no podemos delimitar cuales son los marcos de la cultura.

Necesitamos una instrumentación cognoscitiva que permita responder a ¿Qué podemos caracterizar con el término proceso? Así, sí la pregunta fundamental para entender el mecanismo es ‘¿por qué?’, con la pregunta ¿por qué se cae una manzana del árbol? estamos buscando entender el mecanismo subyacente a la gravedad, su justificación. Es una pregunta analítica, que fragmenta e individualiza, las características de los elementos que generan el mecanismo mismo. Respecto al proceso, saber la causa de ¿por qué se cae la manzana?, no nos permite operar, intervenir en el proceso. La pregunta debe ser ‘¿cómo?’ el proceso se desenvuelve, la dinámica de los aspectos que describen del proceso. En consecuencia, la instrumentación cognoscitiva adecuada en el proceso, es ‘conocer’ y no ‘saber’, que se equipara al contenido y se referencia al mecanismo.

Instrumento prospectivo

Conocer el proceso es conocer algo que hace referencia al devenir, es un instrumento prospectivo bayesiano, para predecir o anticipar futuros eventos o resultados, teniendo en cuenta la incertidumbre y la información disponible en el presente. Actualizándose así nuestras creencias (contenidos) sobre algo a medida que se obtienen nuevos datos. No se ve como una medida fija de la certeza de un evento, sino como una medida de nuestra creencia sobre un evento. Las evidencias cambian nuestras creencias y el objetivo de nuestro cerebro al realizar análisis bayesianos (proceso) es tomar las mejores decisiones para alcanzar las mejores proyecciones de eventos futuros. Nos proporciona: adaptabilidad (capacidad de ajustar las predicciones y creencias conforme se obtiene nueva información), manejo de la incertidumbre y la variabilidad de los datos de manera estructurada y la toma de decisiones informadas y menos dependientes de suposiciones estáticas.

La cultura no debería ser entendida como una posesión, ni como una identidad estática, entonces, ¿por qué lo hacemos? Todo ser humano forma parte del proceso cultural y lingüístico; la exclusión es imposible e infundada, ¿cómo explicar entonces los nacionalismos identitarios? Comprender la cultura como proceso requiere herramientas cognitivas diferentes, más orientadas al devenir y la transformación (conocer) que al análisis y clasificación (saber). El lenguaje (lo cableado) no es meramente una herramienta de comunicación, sino el motor mismo de la construcción de la realidad.

Gustavo Bueno sostiene que el concepto de ‘cultura’, cuando se convierte en mito, pierde su capacidad explicativa y crítica, y pasa a funcionar como una forma de ideología, para legitimar poderes, encubrir conflictos sociales o justificar políticas paternalistas. Para superarlo propone una filosofía materialista de la cultura y nosotros proponemos a la biología.

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