El Periódico Extremadura

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Francisco Rodríguez Criado

Contra el Apocalipsis, macarrones y pistolas de agua

SOLSTICIO

La desazón por la guerra entre Rusia y Ucrania se ha visto desplazada por otras angustias: los aranceles de Trump, por ejemplo, mitigados por la corrupción política que ha llevado a la UCO a registrar la sede del PSOE en Ferraz. Pero este escándalo también perdió protagonismo cuando supimos que EE.UU. había bombardeado las plantas de enriquecimiento de uranio de Irán, provocando una réplica casi inmediata sobre bases americanas.

El mundo, ay, es una vieja mula moribunda, cercada por insidiosas moscas y asediada por un grupo de hambrientos buitres que acechan en las alturas esperando su oportunidad. En esto pienso, instigado por los acontecimientos, mientras conduzco por la M40. Y hubiera abundado en esta imagen metafórica si no fuera porque mis hijos, a quienes acabo de recoger del campamento, me interpelan entusiastas: uno para contarme que se lo ha pasado muy bien jugando con la pistola de agua, y otro para explicarme que ha comido macarrones con tomate y atún.

Algunos estamos tan ocupados sobreviviendo a las numerosas tareas familiares y domésticas que no tenemos tiempo ni para deprimirnos por lo que le está ocurriendo al mundo, esa vieja mula que no levanta cabeza

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Yo intento apartarme de tan mundana conversación armado de monosílabos —que lanzo indiscriminadamente, como supongo habrá disparado mi hijo su pistola de agua—, pero mis retoños, con su insistencia verbal, me impiden refugiarme en mis melancolías geopolíticas. La mula moribunda, cargada de nefandas noticias, me atrae poderosamente, pero poco a poco soy reconducido a una conversación más prosaica y amorosa con relatos de campamento y la promesa de pasar unos días en la playa.

En fin, algunos estamos tan ocupados sobreviviendo a las numerosas tareas familiares y domésticas que no tenemos tiempo ni para deprimirnos por lo que le está ocurriendo al mundo, esa vieja mula que no levanta cabeza. Habrá que aprender de los niños, que, por inocencia o por sabiduría, siempre se las ingenian para aliarse —pistolas de agua y macarrones mediante— con esa casquivana felicidad que a los adultos nos mira por encima del hombro.

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