Opinión | Editorial
Extremadura: un debate regional atrapado en la política nacional
Los plenos autonómicos de balance, para ser útiles, necesitan recobrar su sentido original: ser una herramienta para enriquecer la democracia

Imagen de la Asamblea de Extremadura en la segunda sesión del Debate sobre el Estado de la Región, este viernes. / JAVIER CINTAS
El reciente debate sobre el Estado de la Región, celebrado en la Asamblea de Extremadura, ha dejado una sensación agridulce: se ha perdido una oportunidad valiosa para elevar la política autonómica y centrarla en los retos específicos que afronta nuestra tierra. Lo que debería haber sido un ejercicio de análisis riguroso, rendición de cuentas y propuestas de futuro en una fecha clave, mitad de legislatura, acabó convertido en una repetición del guión nacional, con discursos cruzados que privilegian la confrontación sobre el diálogo y el posicionamiento estratégico sobre el interés ciudadano.
Lo triste es que no supone ninguna novedad porque, de un tiempo a esta parte, la alargada sombra del Parlamento nacional, convertido poco menos que en plató de televisión basura, se proyecta hacia todas las instituciones. De forma que sí, sonó el nombre de Extremadura y se realizaron anuncios millonarios como si de un pleno de presupuestos se tratara. Pero, aún siendo los proyectos enumerados por parte del Gobierno autonómico de enorme relevancia para la región, resulta difícil de calificar como auténtico debate lo oído estos dos días en la Asamblea de la comunidad. Cada cual fue allá, con su libro y sus datos en la mano, para contar cómo va la feria según su punto de vista. Aunque la percepción, desde fuera, es que en el Parlamento extremeño, como en el resto, los monólogos se han impuesto al diálogo y que todos hablan, pero pocos escuchan.
Reproches
El reproche, las acusaciones, e incluso los insultos, sustituyen así al intercambio de opiniones que hubiera debido ser el fruto de un parlamentarismo representante de una democracia sana. Y todo apunta a que, de las distintas propuestas firmadas por parte de los cuatro partidos con representación en la Cámara, conocidas al final de todas las intervenciones una tarde del viernes con aroma ya a vacaciones, se llevarán a cabo aún menos de las aprobadas, pues ese ha sido, hasta ahora, al menos, el derrotero habitual de los últimos cinco años.
Había ‘munición’ más que de sobra en los escaños de sus señorías. No solo por esa traducción inmediata de la crispación nacional en medio de una crisis con la corrupción, de nuevo, de fondo. El caso David Sánchez y el aforamiento exprés del socialista Miguel Ángel Gallardo ya anticipaban lo que podía ocurrir en un pleno sobre el que planearon las tácticas electoralistas en un escenario de dificultades para todos, sobre todo, para los partidos mayoritarios.
En minoría
El PP gobierna en minoría con presupuestos prorrogados y con un difícil encaje a la hora de llegar a acuerdos. Su antiguo socio, Vox, ya le ha dejado en la estacada en la aprobación de medidas estrella de su Gobierno y el viernes dijo alto y claro que continuará por la misma senda mientras no sean los populares los que se plieguen a sus exigencias. Atendiendo al discurso social enunciado por Guardiola, resulta difícil pensar en que esa alianza pueda repetirse, a expensas de lo que marquen las directrices nacionales, que las hay, y para todos, resulta ingenuo pensar lo contrario. El PSOE lo sabe, e hizo su discurso de mano tendida, con el antecedente del pacto frustrado para los presupuestos, con el pleno conocimiento de que un acercamiento entre ambas siglas se antoja, hoy, poco menos que un milagro. Ello, a pesar de que una mayoría del electorado se muestra a favor de un entendimiento de los actores del denominado ‘bipartidismo’. Difícil cura para una herida que se agranda a medida que la brecha nacional se abre cada vez que suma un nuevo escándalo o añade la penúltima polémica.
Si se prescinden de los matices y utilizando la brocha gorda que tanto usan los actores políticos de la escena nacional, la sesión del viernes en el antiguo hospital de San Juan tenía algo de ‘Alicia a través del espejo’. Cambiaron los actores, pero no las formas: el Gobierno, esta vez del PP, defendiendo la mejora macroeconómica con números, como acostumbra el PSOE en el Congreso nacional, y los socialistas extremeños a la contra y negando la mayor de ese balance positivo que esgrime el ejecutivo de María Guardiola, igualmente cuestionado desde la tribuna por parte de Unidas Extremadura.
Sin autocrítica
En la disputa, no hubo espacio para la autocrítica, ni para una visión compartida de los desafíos estructurales a los que hace frente una Extremadura que, pese a los avances, aún muestra signos de debilidad y tiene camino por recorrer para abandonar el farolillo rojo de la renta personal, la más baja de toda España. Menos aún para una postura unánime a la hora de reclamar al Gobierno central deudas históricas en infraestructuras, desde el AVE hasta las autovías pendientes, como la N-430, cuya elevada siniestralidad provocó la concentración de cientos de personas esta semana pasada en Santa Amalia.
Los debates autonómicos, para ser útiles, necesitan recobrar su sentido original: ser una herramienta para enriquecer la democracia, fortalecer el vínculo entre representantes públicos y ciudadanos, y servir de guía para la acción política responsable. Extremadura no puede convertirse en el espejo de la política nacional, con sus mismas fracturas, pero con menos medios y más urgencias. En un contexto de creciente desafección política y con la posibilidad de nuevas elecciones sobre la mesa —ya sean nacionales o regionales—, es urgente que los líderes dejen de lado el cálculo electoral y se centren en ofrecer respuestas reales. Porque la región no puede permitirse perder ni una oportunidad más para su transformación definitiva.
- Los nueve paraísos al alcance de los cacereños en verano
- Extremadura permitirá la construcción de viviendas en locales comerciales y VPO en suelo terciario
- Campo Maior abre 'el mayor jardín del mundo' hasta el 16 de agosto
- Un cliente 'destroza' en Google un restaurante del cocinero extremeño José Pizarro en Londres
- Las Corchuelas sigue esperando: el proyecto para recuperar el palacio cacereño continúa en estudio años después
- Muere el hombre de 45 años que sufrió un ahogamiento en la piscina natural de La Granja
- El pueblo de Cáceres donde se habla ‘A Fala’ y aún pervive la magia de la Raya
- La enfermedad renal aumenta en la región: casi 1.500 pacientes en diálisis o trasplante
