Opinión | Trazos y travesías
Oposiciones, el secuestro de los placeres

Opositores / GVA
Si me preguntasen por mi rutina cuando opositaba, respondería que lo que hacía con más frecuencia era salir por ahí. Fines de semana que se sucedían encadenando planes, cursos que ni rozaban los temas por los que me preguntarían en la prueba de junio, viajes cerca y no tanto.
Quedarse en casa suponía ponerse en peligro. El riesgo de caer en las garras de la culpa por no estudiar, siendo mi deber como profesora interina trotaprovincia. Sí, a veces leía temas y programaba o creaba unidades didácticas, después de madrugar y trabajar, con lo poco que le quedaba de batería a mi cerebro.
Acumulaba libros en estanterías que acarreaba de los viajes aquí y allá y de las recomendaciones de mis podcasts favoritos. Éstos me miraban con ojos seductores allí bien plantados y yo les devolvía un giro de cabeza casi con desprecio. ¡Leer un libro!, ¡cómo si opositar no fuera lo prioritario! Y así, mandaba al banquillo a las mejores, como Almudena Grandes. Para que no se enfadara, le colocaba debajo a Luis García Montero.
A Albert Camus y a Virginia Woolf les dejaba a su aire, convencida de que esa soledad les beneficiaba.
Lo primero en lo que pensé cuando obtuve la plaza creo que fue en la alegría de volver a leer sin postergaciones. Corrí a las estanterías y empecé a devorar un libro tras otro. Aún no he parado ni hacerlo está en mi horizonte
Lo primero en lo que pensé cuando obtuve la plaza creo que fue en la alegría de volver a leer sin postergaciones. Corrí a las estanterías y empecé a devorar un libro tras otro. Aún no he parado ni hacerlo está en mi horizonte. Elena Ferrante y sus dos amigas, Stieg Larsson y su inteligentísima Lisbeth Salander, Saramago y su lucideztras la ceguera, Woolf y su flujo de conciencia, o lo onírico del universo Murakami. Para mí, paisajes tan reales como los que miro por la ventana. Personajes a los que comprendo mejor que a la mayoría de los de carne y hueso.
Deseo mucha suerte a mis colegas de profesión en estas oposiciones que pronto se resuelven. Quienes saquéis plaza, no vais a recuperar el tiempo hipotecado, pero a lo mejor, en la tranquilidad del futuro laboral asegurado, aprender vuelve a ser ilusionante. Ojalá así sea. Quienes os quedéis en la red pringosa dos años más, acertaréis al combinar la preparación con los consejos de nuestro paisano Robe, para no acabar muy majaras: «salir, beber, el rollo de siempre...», así, lo arbitrario de las correcciones y las normativasfluctuantes en cada convocatoria no escuecen tanto; mas es preciso asegurarse de consultarlas siempre antes de exponerse a ser evaluados.
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