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Opinión | Espectráculos

Hijos del fuego

La última obra de Fidel Martínez se sitúa en Chernóbil, en esa área sobrecargada de radioactividad donde se estima que la vida humana será imposible durante varios siglos

Zona de exclusión de Chernobil

Zona de exclusión de Chernobil / SERGEY DOLZHENKO

En varias ocasiones he hablado ya del novelista gráfico Fidel Martínez, sevillano de nacimiento pero pacense de adopción, ya que lleva más de la mitad de su vida viviendo en Badajoz. Nos conocimos hace ahora diez años, a raíz del congreso que organicé en Cáceres, junto al profesor César Nicolás, sobre Paul Celan. Fidel venía de escribir una novela gráfica y biográfica, Fuga de la muerte, sobre el poeta judío rumano y, aunque por razones de trabajo no pudo participar en el congreso, gracias a esa coincidencia conocí su obra de creación, que he seguido con interés creciente y asombro renovado.

Hace unos meses se publicó su último libro, Hijos del fuego (Norma Editorial) y que, con elementos como Ucrania o la energía nuclear, no puede ser más actual. La historia se sitúa en Chernóbil, concretamente en ‘la zona’, esa área sobrecargada de radioactividad donde se estima que la vida humana será imposible durante varios siglos. Quienes apuestan con entusiasmo por la energía nuclear prefieren no pensar en que pueda repetirse un accidente como el del 26 de abril de 1986.

El trazo tenebrista, el blanco y negro manejados vigorosamente por Martínez, alcanzan una variedad de expresión que, como en otras obras suyas, nos dejan con una sensación inefable y meditativa, de impresión duradera, a pesar de lo rápido de la lectura

En esa zona de exclusión se encuentra Prípiat, ciudad fantasma absorbida por el bosque, donde un grupo de amigos se interna por afán de aventura, guiados por Nikolai, quien trabajó como descontaminador del terreno, y que arrastra un pasado trágico que iremos conociendo. Los jóvenes se percatarán pronto de una presencia ominosa que no comprenderemos hasta el final, la de una raza de seres surgidos en el bosque primigenio y afectados cruelmente por el veneno de la radiación.

Como en otras obras de Fidel Martínez (varias, también Sarajevo Pain, ambientadas en Europa del Este), se abordan hechos de la historia europea reciente que nos siguen interpelando, y en la que la presencia de lo fantástico, como en su anterior obra Arconte, no sirve de evasión, sino para hacer más candentes estas cuestiones. La pareja formada por Micorrizal y Elemental, son como una Eva y Adán surgidos de la profunda relación entre todos los seres vivos interconectados, envenenados por quienes solo entienden la naturaleza con fines utilitarios. El trazo tenebrista, el blanco y negro manejados vigorosamente por Martínez, alcanzan una variedad de expresión que, como en otras obras suyas, nos dejan con una sensación inefable y meditativa, de impresión duradera, a pesar de lo rápido de la lectura.

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