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Opinión | La curiosa impertinente

Ciudadanía angustiada

Colas en la estación de Atocha durante el colapso ferroviario del 1 de julio.

Colas en la estación de Atocha durante el colapso ferroviario del 1 de julio. / EPE

La foto de unos policías destinados en Palma saliendo de su hotel por no alcanzarles las dietas, ha sido uno de tantos testimonios recientes de los asuntos de cada día que no funcionan en esta España de hoy. Lo mismo que periódicamente fallan los trenes, parados en medio de la nada o a los que no les funciona el aire o los que acumulan retrasos injustificados y ya no solo en Extremadura, que nuestra región se hizo famosa por exigir un tren digno y años después, tras ministros activos y ejemplares en transportes, la indignidad de nuestros trenes se ha extendido a toda la castigada geografía española.

El pasado 9 de julio, la vicepresidenta Díaz advirtió a Sánchez de que la ciudadanía progresista estaba angustiada y a Feijóo de que, en el nombre de su padre recién fallecido, a Dios ponía por testigo de que no quería de ninguna manera que gobernara la derecha. A doña Yolanda solo le preocupa la angustia de la ciudadanía progresista. El resto de España que no lo es, ciudadanía conservadora angustiada por la corrupción, las cesiones a los independentistas, el mal funcionamiento endémico de lo que hasta ahora había funcionado como en cualquier estado de derecho normal, el acoso al poder judicial, la toma paulatina de las instituciones o las llamadas de atención de Europa sobre corrupción no preocupan a la dulce ministra. Por lo visto la angustia de una y tantas como una, provocada por los cambios de opinión de nuestro presidente en cuanto a lo que era y no fue inconstitucional o los pactos con independentistas, no afectan a su sensibilidad.

Y mientras la angustia crece, Vox decide que el problema de los españoles son los inmigrantes y quiere expulsarlos, el Congreso de los Diputados decide que ellos a quien tienen que expulsar es a los periodistas antipáticos, groseros y ultras, según su santa designación, y Núñez Feijóo decide sacar a pasear al fantasma del padre de Begoña (en paz descanse el hombre se dedicara a lo que se dedicara). Como si no hubiera otra manera más digna, eficaz y útil de servir a toda esa ciudadanía angustiada. Progresista o conservadora.

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