Opinión | Espectráculos
Dos poetas cacereños

CACERES. PRESENTACION POEMARIO UN ADIOS ABIERTO JULIO CESAR GALAN. PASEO DE CANOVAS / Carla Graw
El otro día lamentaba un amigo que nadie, en Extremadura, haya hecho un estudio serio de la que ha sido la mejor época de la poesía en nuestra región, desde la Transición a nuestros días. En efecto, desde la Facultad de Letras se prefiere impulsar tesis doctorales sobre escritores de tercera fila, pero muertos desde hace tiempo. Algo congruente con aquello que dijo un profesor mío de que «la obra de un poeta solo puede estudiarse después de que haya muerto», supongo que para evitar el riesgo de que te lleve la contraria. O como dijera mi amigo José Oliver, porque «los muertos no son peligrosos».
Así, no hay ni tesis ni libros sobre poetas ya mayores y tan consolidados como Pureza Canelo, Javier Pérez Walias, Basilio Sánchez o Ada Salas. Estos dos últimos nacidos y residentes en Cáceres, como lo son también otros dos poetas más jóvenes, muy distintos pero nacidos en el mismo año, 1978, Julio César Galán y Dionisio López.
Sobre el primero he hablado en varias ocasiones, tanto por su calidad como por su cantidad. Autorretratos sin cuerpo presente es de momento su último libro, aunque en realidad es el rescate de uno escrito hace más de veinte años, de 2002 a 2005, compuesto por poemas en prosa (forma poco habitual en el autor) y que da testimonio de una época dura, la de la lucha contra un cáncer, descrita en tres partes: “Rostro en proceso”, “Primera lección de la metamorfosis” y “El ausente ante el espejo”. Leo cuando Julio habla de su “cabellera arrancada sin piedad” y recuerdo cómo me impactó verlo calvo tras la quimioterapia, aunque hiciéramos bromas sobre cómo se parecía a Moby, el músico estadounidense entonces de moda. En “Inyecciones de claridad” o “Después de la muerte” se reflexiona sobre la posibilidad de una desaparición a la que normalmente no se ve confrontado un veinteañero.
Desde la Facultad de Letras se prefiere impulsar tesis doctorales sobre escritores de tercera fila, pero muertos desde hace tiempo. Algo congruente con aquello que dijo un profesor mío de que «la obra de un poeta solo puede estudiarse después de que haya muerto», supongo que para evitar el riesgo de que te lleve la contraria
No menos duro es el suceso que subyace a Los nombres de la nieve de Dionisio López, el primer poemario publicado por este autor cacereño, que también tiene un notable libro de relatos, Cuando vuelvan los elefantes. Articulado también en tres partes:`Blanco’, ‘Silencio’ y ‘Azul’, de fondo está el recomponerse después del nacimiento muerto del que iba a ser el hijo primogénito del autor. Con una fuerza soterrada bajo la aparente sencillez de sus poemas, se llega a una conclusión clara: «No apagaré en mí / la luz que nace del dolor».
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