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Opinión | Zona Zero

Capeas del forcón: tradición sin sangre

La lidia sin muerte en Portugal me parece una solución perfecta. Merece la pena acercarse este agosto a la cercana comarca de Sabugal para conocer el uso del forcón

Capeas del forcón.

Capeas del forcón. / EFE

En lo tocante a la tauromaquia tengo el corazón partido, como Alejandro Sanz. Por una parte, me parecen que están llenas de una liturgia formidable, pero, por otro, la muerte del toro y su sufrimiento para divertimento del ser humano son acciones repulsivas. Es por eso que las lidias tradicionales portuguesas, en las que el astado no fallece y regresa a la dehesa, despiertan poderosamente mi interés.

Las capeas del forcón son un ejemplo de lidia sorprendente, popular, salvaje y entretenida. La comarca lusa de Sabugal, que limita con las provincias de Salamanca y Cáceres, es escenario en agosto de unas lidias autóctonas que jalonan el mes hasta con 14 encuentros emocionantes con toros que gozan de la categoría de expresión cultural protegida por el Estado portugués y Patrimonio Cultural Inmaterial en el año 2011.

¿Qué es un forcón? Podríamos definirlo como una estructura defensiva elaborada con palos de roble y pino entrelazados. El montaje se realiza por forcados en el propio coso o en la plaza del municipio donde se celebra la lidia ante la vista de los aficionados. Tiene forma triangular y en su centro una treintena de valientes se parapeta de las embestidas de los morlacos, porque aquí los toros sobrepasan con creces los 500 kilos. Cada año más mujeres se unen a este acto de osadía torera portuguesa.

Como es habitual en estos casos existe una liturgia previa muy rica, muy elaborada. Los caballistas van por la mañana a la dehesa a buscar a los toros y los conducen desde el campo hasta la plaza en un vistoso encierro con garrochas. También muchas familias aprovechan para disfrutar de la jornada matinal en el campo con viandas y celebrando la hermandad de la fiesta. No me resisto a comentar lo rudimentario de la plaza, a la que se ingresa por andamios, remolques, carros y estructuras tradicionales, algo parecido, pero más rudimentario que en Garrovillas. Los toros llevan en los pitones unas protecciones para evitar que los toreros resulten dañados, aunque eso no evita revolcones y topetazos. Al final el toro vuelve a su dehesa y los mozos y mozas se van a cenar y a la verbena. Y este desenlace sin muerte es lo que más me gusta.

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