Opinión | Jueves sociales
Hilos
Hilos, hijos, solo una letra separa dos palabras que significan lo mismo, lo sutil, lo resistente, lo que duele, lo que da la vida

UNA MADRE DA LA MANO A SU HIJA.
Desde que nacemos vivimos pendientes de un hilo, el que sostienen las Parcas con su mano temblorosa, en lo que nosotros llamamos vida y para ellas es un suspiro. Cuando se acaba nuestro tiempo, no dudan en cortar y separarnos de ese cordón umbilical que nos une también, como otro hilo, a la madre, a la infancia, esa parte de la vida en la que somos felices sin saber siquiera que lo somos. Luego, poco a poco, nos vamos enredando en la madeja difusa de una trama de la que a veces no sabemos salir. No somos marionetas, pero estamos gobernados por hilos dirigidos por un dios benevolente o malvado, loco o distraído, o por el puro azar al que hemos convertido en deidad para sentirnos seguros. No sabemos caminar sin una mano que nos gobierne, sin nuestras ataduras. Algunas han sido elegidas libremente, o al menos eso creemos. En ese grupo podrían estar los amigos, el trabajo, los estudios, esa posibilidad infinita de entramado que avanza no sabemos hacia qué lugar, pero que deja nudos atrás y cabos sueltos a los que tendremos que volver tarde o temprano. A estos también pertenece el amor, la urdimbre más complicada, en la que nos vemos envueltos creyendo que vamos a construir el mundo, a tejer una historia nunca vista. El orgullo se castiga como castigó Atenea a Aracne, la pobre tejedora. Por eso caminamos ciegos con los dedos heridos por las ruecas, bellas durmientes, apuestos príncipes, a punto de caer en el sueño del que no nos despertará ningún beso.
Qué difícil soltarlo, ver cómo se aleja. Qué complicado deshacer sus nudos. Qué angustia cuando crees que va a entregar su libertad aotras manos, a enredarse en un camino que creerá nuevo aunque esté mil veces transitado
Otros hilos vienen impuestos, como la familia. Y otros, vienen elegidos, aunque el resultado dependa de ti solo en cierta parte, como tus hijos. A estos te une el hilo más fuerte, el que no quisieras romper, el que menos dura. Durante sus primeros años es fino pero muy resistente, y a veces agota su tensión. Lentamente, se va soltando, con algún que otro tirón brusco. Inocente de ti, crees que son tus manos las que manejan, pero son las suyas las que organizan tu mundo. No he conocido hilo más resistente, más duro, y al mismo tiempo más elástico. Puede estirarse hasta el infinito, atravesar países, regiones heladas donde las palabras no llegan, traiciones, caídas… Pero siempre acaba uniendo. Qué difícil soltarlo, ver cómo se aleja. Qué complicado deshacer sus nudos. Qué angustia cuando crees que va a entregar su libertad a otras manos, a enredarse en un camino que creerá nuevo aunque esté mil veces transitado. Hilos, hijos, solo una letra separa dos palabras que significan lo mismo, lo sutil, lo resistente, lo que duele, lo que da la vida.
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