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Opinión | El trasluz

A ver si nos ponemos

A ver si nos ponemos.

A ver si nos ponemos. / Pexels

El mundo estuvo a punto de ser de formica. Recuerdo el día en el que llegué a casa de mis padres y vi la nueva mesa de la cocina, que me pareció salida un mal sueño. No es que fuera fea, tampoco bonita, es que era rara, era una mesa atormentada, una mesa con problemas de identidad material, como si se preguntara:

-¿De qué estoy hecha yo?

Si uno está hecho de madera, está hecho de madera y, si de azúcar, de azúcar. Pero estar hecho de formica es realmente complicado desde el punto de vista identitario.

-¡Es de formica! -exclamó mi padre con entusiasmo.

-¿Y que es la formica? -pregunté yo.

-Es un material sintético que sustituye perfectamente a la madera. Lo que la margarina a la mantequilla.

Excuso decir que no he vuelto a probar la margarina.

-Pronto -profetizó mi padre- todo será de formica.

En eso, por fortuna, se equivocó. La formica no ha desaparecido, pero creo que funciona más en el mundo industrial, del que no debía haber salido, que en el doméstico.

El mundo, cuando yo era pequeño, estuvo a punto de ser también de baquelita, una especie de protoplástico marrón oscuro muy utilizado en las carcasas de los antiguos aparatos de radio. Cuando la máquina de vapor, el mundo estuvo a punto de convertirse en un mero artefacto que funcionaría eternamente a base de carbón. El mundo ha estado a punto de ser de hormigón armado y de cristal y de papel cebolla, y hasta de miedo. El mundo, ahora mismo, está hecho en gran medida de miedo. Los telediarios son un verdadero cuento de terror. Uno de ellos suele terminar dando una buena noticia para equilibrar la pesadilla.

Si acudiéramos al área del lenguaje, el mundo estuvo a punto de ser de esperanto. Mi padre creyó en el esperanto tanto como en la formica (y en el Duralex, que se me había pasado), porque gracias a ese idioma universal nos entenderíamos todos y se acabarían las guerras. El mundo ha estado a punto de estar hecho de tantas cosas que no está hecho de ninguna. Quiero decir que está todavía por hacer (también los algoritmos pasarán). A ver si nos ponemos a ello.

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