Opinión | Espectráculos
Una escritura arracimada
Echedey Medina ofrece una metáfora genial de cómo un obstáculo puede llevarnos a un nivel superior

Echedey Medina. / Agaetespacioweb Videos
Llegué a la poesía de Echedey Medina Déniz (Moya, Gran Canaria, 1994) gracias al también poeta José Miguel Perera (Arucas, 1978) de cuya innovadora escritura ya he hablado en estas páginas, que fue profesor suyo en bachillerato y que lo alentó, ya por entonces, a escribir. Hay profesores que animan y otros que disuaden, por suerte José Miguel es de los primeros. La poesía, la escritura más personal y que permite mayor tensión en el lenguaje, puede servir para transmitir una experiencia difícil de expresar en las formas más convencionales.
El primer libro que leí de Echedey Medina, ‘Nervio séptimo’ (2023), escrito en prosa pero de alto voltaje poético, tematiza, ya desde su título, la parálisis facial del propio autor, pues ese nervio controla la expresión. Así, lo que simplificando podría llamarse una «discapacidad» se convierte en una metáfora genial de cómo un obstáculo puede llevarnos, para superarlo, a un nivel, en cierto modo superior, en cualquier lugar diferente, para mirar el mundo: «Pronostico las pocas expresiones que se me reconocen, que he reconocido en mí. Busqué algún tiempo, en algunos años cruciales, construir una sonrisa, alzar los nervios séptimo y noveno y sobre ellos sostenerme pulcro, decible, justo. Tragar saliva se hacía el recordatorio de que había que intentarlo, había que hacerse de una sonrisa noble, infantil y amigable». Con el tiempo, sin embargo, descubre que su expresión más auténtica vendrá «de hacer los desajustes pertinentes para que respiren los ejes, para que la bóveda tenga apertura», en una escritura que en algún momento llama «arracimada», profundamente arraigada en su tierra, incluso en su barrio, Carretería de Moya, aunque con querencia por textos en principio lejanos pero con un vínculo de afinidad, como el ‘Pedro Páramo’ de Juan Rulfo.
Hace unos meses, Medina publicó un nuevo poemario, ‘Paseo de los flamboyanes’, formalmente muy distinto, escrito en verso libre y que se articula en dos partes, ‘Paseo de los flamboyanes’ y ‘Poemas de Chile’, escrito este último a raíz de una estancia en el país austral. El flamboyán, llamativo árbol de flores rojas, está presente tanto en Canarias como en buena parte de Hispanoamérica. En sus versos, Medina nos sigue compartiendo lo que llama su «quiebre», esa visión diferente, «insistiendo en un ángulo de muñones y realidades dispersas».
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