Opinión | Encerado y Clarión
Vocación con denominación de origen Extremadura
El 46,3% del alumnado asegura que en Extremadura recibe ayuda del profesor en todas las materias, el porcentaje más alto de España

Un aula sin alumnos. / J. A.
El último informe de Funcas, con datos de PISA, ha puesto por escrito lo que aquí se vive a diario, el profesorado extremeño está en la élite nacional de la implicación. Y no es un decir por decir, que no lo decimos nosotros, lo dice el alumnado y sus familias, es decir, ustedes.
El 46,3 % del alumnado asegura que recibe ayuda del profesor en todas las materias, el porcentaje más alto de España, muy por encima del 41,8 % de media nacional. En apoyo extra cuando hace falta, compartimos segunda posición con Aragón, 41,6 %, solo por debajo, y solo un poquito, de Murcia, 42,3 %, y en interés por el aprendizaje individual, terceros del país con un 42,7 %.
Y es que quizás en nuestro talón de Aquiles está nuestra virtud, la ruralidad. Aquí, entre la clase de ciencias y la de lengua, se cultiva algo que no aparece en los test de PISA: la humanidad. Y eso, ni lo mide la OCDE ni se compra en Amazon
En perseverancia, ese arte de seguir explicando hasta que hasta el último se entere, aunque toque el timbre y el mundo se acabe, rozamos el 50 %, quinto lugar de España y muy por encima de la media internacional. Vamos, que si hace falta nos dejamos la voz, las tardes y el alma hasta que el último «¡ah, ya lo pillo!» retumbe en la pizarra.
Y es que quizás en nuestro talón de Aquiles está nuestra virtud, la ruralidad. Aquí, entre la clase de ciencias y la de lengua, se cultiva algo que no aparece en los test de PISA: la humanidad. Y eso, ni lo mide la OCDE ni se compra en Amazon.
Nuestro alumnado que tiene nombre propio y como nosotros, crece entre encinas y dehesas, herederos de escuelas familiares, muchas en pueblos donde los docentes no solo saben tu nombre, también saben si desayunaste o si tu abuela está pachucha. Docentes y alumnado comparten algo más que materia, ilusiones, sueños, proyectos, formación, y como no, también preocupaciones. Todos se conocen. Todos se cuidan. Y, qué cosas, como en el anuncio, «se nota y lo notan».
Con esto no quiero decir, ni muchísimo menos, que nuestros compañeros de otras regiones no hagan lo mismo que nosotros, faltaría más, pero que liderar un ranking, y máxime este ranking, es un motivo no solo de orgullo, también de reflexión, para unos más que para otros.
Así que, antes de que venga otro informe a decirnos lo que ya sabemos, brindemos por nuestros docentes que siguen regando futuro en tiempos de sequía, porque, si el saber no ocupa lugar, la vocación de nuestros docentes ocupa Extremadura entera, y todavía le sobra sitio para un pupitre más donde el sentido común y el reconocimiento, no solo el social, el salarial, debieran sentarse.
Así que sí, Extremadura quizás no tenga tantos recursos como otros, pero tiene algo distintivo, vocación con denominación de origen, que como todo producto de calidad, debe ser reconocido con etiqueta negra, etiqueta que lleva sin ser reconocida, y algunos demandándola, no ahora, desde hace veinte años.
Saturnino Acosta es maestro
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