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Opinión | Espectráculos

Difícil libertad

Existe un prejuicio hacia las novelas escritas por profesores de universidad, como si no hubiera multitud de escritores que tuvieron que dedicarse a la docencia

Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno / La Opinión de Málaga

Existe un prejuicio hacia las novelas escritas por profesores de universidad, que se suponen ejercicios de aficionado, como si no hubiera habido multitud de escritores que tuvieron que dedicarse a la docencia para ganarse la vida, desde Miguel de Unamuno a David Foster Wallace. El mismo Javier Cercas fue profesor en la Universidad de Gerona.

Otro prejuicio es el de lo tardío: parece que uno, o una, ha de etiquetarse desde el principio, y quien debuta en un género con más de cuarenta años resulta sospechoso. No se piensa que detrás de esa publicación puede haber muchos bocetos y años de escritura enterrados, con un pudor que no tienen los más jóvenes.

Quizás estos prejuicios expliquen el escaso eco que ha tenido la novela Mi bien esquivo, publicada en 2023 por la editorial Carena, de Ana Luengo (Manresa, 1974)

Quizás estos prejuicios expliquen el escaso eco que ha tenido la novela Mi bien esquivo, publicada en 2023 por la editorial Carena, de Ana Luengo (Manresa, 1974) catalana de padres extremeños emigrados a Tarragona y profesora en la San Francisco State University. Luengo publicó hace poco también su primer poemario, Inconclusa sinestesia (Valparaíso Ediciones, 2024) centrado en el desarrollo de Lucas, su hijo autista, y que evoca con gran originalidad la neurodivergencia.

Aunque Mi bien esquivo (título que proviene de un verso de Sor Juana Inés de la Cruz) no es una novela autobiográfica, sí que se alimenta de la vida de la autora, con quien la protagonista Amanda comparte circunstancias (hija de extremeños, pasa los veranos en Cáceres, estudió en Barcelona). Estructurada en tres partes (Una educación sentimental, El sistema cartesiano y Saltar el charco y cruzar un continente) más un epílogo (Saltar el espejo), asistimos a la búsqueda insaciable de Amanda por coincidir consigo misma, con una mujer que ama a las mujeres, una verdad difícil de asumir cuando sus modelos son su ‘hermana alfa’, guapa y popular, con muchos novios, y una madre cada vez más fanatizada por la religión, y que desprecian a las ‘tortilleras’. El querer ser como las demás la llevará a relaciones insatisfactorias, entre las que aparecerá como una estrella fugaz la que tiene con Violeta, una mujer chilena algo mayor que ella y que le descubre una plenitud al margen de lo establecido.

Aparte de la maravillosa evocación de una vida en familia en los años ochenta (las noches viendo el Un, dos, tres…) la novela cautiva y engancha por la pasión y autenticidad de una voz narrativa difícil de olvidar

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