Opinión | Café filosófico
De cabras y cabrones
Los incendios no se deben a un exceso de leyes medioambientales, sino a quienes hacen caso omiso de ellas

Incendio en Casar. / Carlos Gil / Carlos Gil
Corría hace días un meme que afirmaba que el problema de los incendios forestales se resolvía con «más cabras en los montes y menos cabrones en los despachos». Se trata de una ingenua o malintencionada cretinez que, sin duda, tenía el éxito asegurado entre aquellos a los que impacienta leer más de dos frases seguidas. Veamos por qué se trata de una simpleza.
En primer lugar es dudoso que el incremento de los incendios se deba a un exceso de legislación «ecologista»presuntamenteculpable de despoblar los campos y multiplicar la masa forestal, como vienea decir el meme (o algunos políticos y representantes de organizaciones agrarias). Hace treinta o cuarenta años, con leyes medioambientales menos restrictivas, más población rural y menos masas forestales, se quemaban el doble de hectáreas (miren las estadísticas). Y si los incendios han disminuido a la mitad parece que es, precisamente, gracias a esas políticas forestales que, sin ser perfectas, son el doble de buenas que lo que había. El problema de los incendios no es, pues, que haya demasiadas leyes, ¡sino que no se cumplan! La «ecologista» Ley de Montes, en vigor desde 2003, ya obliga a la limpieza de montes durante todo el año. Otra cosa es que los dueños del cortijo (el territorio forestal es en su inmensa mayoría propiedad privada) y las CC. AA. competentes hagan lo que les toca. ¿Serán aquellas donde hay más incendios «por culpa de las leyes ecologistas» las que menos respetan las «leyes ecologistas»?
Por otra parte, controlar el nivel de maleza del monte ayuda, pero solo una vez se ha producido el incendio, que es lo que hay que evitar. Los bosques tienen sotobosque desde el principio de los tiempos, y no siempre se queman. Para que ardan hay que prenderles fuego. Y desengáñense, el rayo o el pirómano loco representan un porcentaje anecdótico: la mayoría de los incendios son provocados por negligencias humanas, sobre todo por el uso ilegal del fuego en actividades agrícolas y ganaderas (vuelvan a mirar las estadísticas). Si a esta inveterada tradición rural de «la quema», más otros descuidos y negligencias humanas, le unimos el cambio climático global - sí, ese que demuestran miles de científicos de todo el mundo y niega una porción de demagogos de barra de bar con aspiraciones políticas - nos encontramos con lo que tenemos: gigantescos incendios casi imposibles de parar.
La solución no es, pues, soltar cabras por el monte (curiosamente, los incendios más graves se dan en las CC. AA. donde hay más ganadería extensiva), sino que personas verdaderamente expertas trabajen -y perdón por la expresión - «como cabrones» en los despachos generando estrategias de gestión forestal no basadas en bulos o en el quimérico retorno a una falsa arcadia rural, sino en el cumplimiento de las leyes, la identificación de los delincuentes, la dignificación de los trabajadores forestales y la coordinación entre expertos, profesionales y autoridades para prevenir, reducir y extinguir con mayor eficacia los incendios. Si nos dejamos de memes y actuamos responsablemente como ciudadanos (no votando, por ejemplo, a quienes niegan lo evidente y reniegan de las leyes que protegen nuestros recursos forestales), tal vez evitemos que nuestros nietos hereden un pedregal desértico donde no puedan vivir ni las cabras.
Víctor Bermúdez es profesor de Filosofía.
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