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Opinión | Textamentos

Fuegos reales, fuegos artificiales

Mientras Jarilla arde de manera descontrolada, “cerca”, en Jaraíz de la Vera, no se han cancelado los fuegos artificiales que acompañan a las fiestas tradicionales del Tabaco y del Pimiento

Lucha contra el incendio de Jarilla.

Lucha contra el incendio de Jarilla. / Carlos Gil / CARLOS GIL

Días atrás presencié un acto medieval en unas fiestas de una población de Portugal. Me resultó algo chocante que, mientras parte de España y Portugal ardían en incendios difíciles de extinguir, un grupo de malabaristas nos ofrecieran un espectáculo con antorchas encendidas, el mismo o similar que, supongo, harán todos los años.

La actuación fue muy breve, apenas unos diez minutos, no sé si porque estaba pactado o porque a los propios profesionales les resultaba poco edificante usar el fuego como reclamo de ocio en esos momentos.

Hoy (domingo cuando escribo estas líneas) he leído en la prensa que hay polémica porque mientras Jarilla arde de manera descontrolada, “cerca”, en Jaraíz de la Vera, no se han cancelado los fuegos artificiales que acompañan a las fiestas tradicionales del Tabaco y del Pimiento. Algunos lectores comentan indignados que el Consistorio de Jaraíz debería haber cancelado los fuegos artificiales,perootros argumentan que los jaraiceños no son culpables de lo que está sucediendo en Jarilla.

Y, como me ocurre tantas veces, no concuerdo con unos ni con otros, o mejor dicho: estoy de acuerdo con ambos. Es cierto que Jaraíz no tiene la culpa de los males de una población vecina (en realidad, no tanto: hay más de 60 km entre ambas); pero, por otra parte, no hubiera sido un drama para nadie si por un año se hubieran abstenido de proclamar su alegría con unos fuegos artificiales que contrastan groseramente con la tragedia de los fuegos reales que asolan Jarilla.

Estos detalles, que pueden resultar banales para los que están de fiesta, cobran una dimensión maximalista para quienes se encuentran -digámoslo casi en su literalidad- bajo las llamas.

No se trata de culpas, sino de gestos. Y a veces, el gesto más humilde -renunciar al ruido por respeto al silencio- es el que más dice de nosotros.

Franscisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de estilo. Columnista en El Periódico Extremadura y crítico literario en El Debate.

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