Opinión | Zona Zero
El secreto extremeño de Panikkar
Una lectora, a la sazón monja benedictina, se percata de unas inexactitudes en un artículo mío sobre Raimon Panikkar en el que hablaba de su mujer extremeña. Gracias.

Raimon Panikkar. / EL PERIÓDICO
Me escribe Concha Galán de Mera, amable lectora y monja benedictina en el Monasterio de la Ascensión en Zamora, donde es responsable de la editorial Monte Casino y su imprenta. En su correo me advierte sobre varias inexactitudes de un artículo mío escrito hace siete años sobre María González-Haba, extremeña que se casó con el conocido filósofo y profesor de Harvard Raimon Panikkar. Nadie mejor que ella para enmendarme la plana, pues Concha es sobrina de María González-Haba. Sorpresa.
En su correo explica que la razón de que su tía se casase con Panikkar no era otra que adoptar dos niños de la India (de donde era la familia paterna de Raimon), ya que entonces las leyes civiles españolas no permitían la adopción, como no fuese dentro de un matrimonio civil (que no hacía tanto tiempo que se había legalizado, y de pareja heterosexual. Y así fue como adoptaron un niño (que, adulto, regresaría a la India) y una niña, que actualmente es una mujer ya de edad y con descendencia en Barcelona, me manifiesta la monja.
Panikkar, pidió perdón públicamente en 2008 por el «escándalo» que su matrimonio supuso para el obispado, «por ser sacerdote, pero no porque ambos no hubiesen guardado el celibato. Es cierto que ellos se habían conocido en Alemania y desde entonces se creó un vínculo intelectual y afectivo fuerte, cuando aún Panikkar era del Opus [abandonó la orden canónicamente], y mi tía no. Dicho sea de paso… aquella «mujer silenciosa», fue la inspiradora de Panikkar en su evolución teológica. Ella había defendido una tesis sobre el Maestro Eckhart… un dominico del siglo XIII, que en los años 60, cuando ella defendió la tesis, era alguien con fama de heterodoxia. Existe un ejemplar de la revista ‘Anthropos’ dedicada a Panikkar, donde él cita su inspiración en los escritos de María», añade.
Sinceramente, desconocía la influencia de esta mujer extremeña en la obra del famoso pensador y también que hubieran guardado el celibato durante décadas. Concha Galán de Mera me indica que el primer cuento que leyó en su infancia en Cádiz era de su tía y se titulaba La historia de Clarito, sobre un gato familiar. Me pide ayuda para localizar otro libro titulado Yerba Amarga (se publicó en Barcelona con esa forma lingüística en lugar de «hierba» en 1999), que pertenece a sus publicaciones literarias. Si algún lector pudiese darme información sobre él estoy encantado de trasladársela. n
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