Opinión | Encerado y clarión
Salvemos la profesión docente
Uno de los datos más impactantes calculados es que seis de cada diez docentes que se necesitarán hasta 2030, o no se incorporarán o podrán abandonar el sistema, tanto por jubilación como por las condiciones actuales

Un aula vacía. / EL PERIÓDICO
Ahora ha sido la Unesco la que en su cumbre mundial sobre Docentes ha alertado de la «crisis mundial sin precedentes» del profesorado urgiendo a «revalorizar» la profesión. En palabras de su directora general: «Es urgente» la necesidad de «revalorizar una profesión que ha duplicado su tasa de abandono en los últimos siete años». Según el informe se necesitarán 44 millones de docentes adicionales para cubrir la educación primaria y secundaria universal en 2030, pero no sólo advierte de esto, las conclusiones son más que claras, o mejoramos las condiciones sociolaborales de los docentes y destacamos su relevancia e importancia en nuestra sociedad, o nos veremos abocados a aulas masificadas, que por cierto, no precisamente por la afluencia de alumnado, sino por la ausencia de profesorado, y un significativo empeoramiento de la calidad de la enseñanza.
No se trata de salvar al soldado Ryan, como la película, se trata simplemente de salvar la única profesión que puede salvarnos
Aunque el déficit acuciante se nota más en países con menos ingresos, por ejemplo, África subsahariana, donde se necesitarán más de quince millones de docentes, lo que preocupa en el resto, los supuestos países del primer mundo, ya no es la ausencia de docentes, es el abandono y la desertización masiva que están sufriendo. Uno de los datos más impactantes calculados es que seis de cada diez docentes que se necesitarán hasta 2030, o no se incorporarán o podrán abandonar el sistema, tanto por jubilación como por las condiciones actuales.
En definitiva, sus conclusiones son mayor inversión y mejores políticas públicas, mejores salarios y condiciones de trabajo para lo que se necesitarán «mecanismos innovadores de financiación» en un mundo con nuevos conflictos que obligan a sacar «recursos públicos que deberíamos dedicar a la educación». Pues como diría un amigo, para este viaje, no hacen falta alforjas, vamos, ninguna cumbre del mundo mundial.
Aquí y ahora, sin necesidad de irse a Finlandia, cada día nos encontramos los docentes con más atribuciones que no nos son propias y que por obligado cumplimiento debemos asumir, atribuciones actuales de una sociedad cambiante que pretende que nuestra administración carga a nuestras espaldas. Atribuciones que dependen seguramente de otras administraciones pero que asume Educación, desde labores de enfermería cuando no somos enfermeros ni tenemos el conocimiento debido, psicólogos, administrativos, asesores motivacionales, observadores digitales de redes, atención dentro y fuera de nuestro horario a familias y un largo etcétera.
Y si hablamos del salario y de la valoración de nuestra profesión, no hace falta mas que comprobar la necesidad de profesores en determinadas materias, necesidad incluso que ha propiciada la negativa a que muchos docentes no salgan de su comunidad autónoma, o la necesidad de que muchos docentes impartan materias que no son las suyas propias. No se trata de salvar al soldado Ryan, como la película, se trata simplemente de salvar la única profesión que puede salvarnos.
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