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Opinión | Trazos y travesías

El meritorio y desconocido profesorado extremeño

No mencionaremos aquí la gran cantidad de docentes que empleamos el período vacacional, que a quienes nos denigran les parece demasiado, en mejorar las programaciones didácticas cuando somos interinos itinerantes opositando para obtener una plaza

Profesora y alumnos en una clase.

Profesora y alumnos en una clase. / CARLOS GIL

Al contrario de lo que sucede con julio, agosto nunca nos prometió eternizar los atardeceres candentes ni el aroma a hawaian tropic de las pieles jóvenes. A su paso, el octavo mes del calendario ha ido acortando los días según suavizaba la temperatura de las noches. En muchos casos, ha anticipado la llegada de las rutinas otoñales metiéndonos en un descuido la primera agenda en el bolso.

Quienes salen peor parados trabajan todo julio realizando la tarea tediosa, calurosa, e ingrata de evaluar a sus propios compañeros en pruebas de selección de personal

No mencionaremos aquí la gran cantidad de docentes que empleamos el período vacacional, que a quienes nos denigran les parece demasiado, en mejorar las programaciones didácticas cuando somos interinos itinerantes opositando para obtener una plaza. Otra parte del colectivo viajamos y leemos en pos de aumentar el capital cultural que portamos en la mochila para enriquecer las clases que impartimos. Quienes salen peor parados trabajan todo julio realizando la tarea tediosa, calurosa, e ingrata de evaluar a sus propios compañeros en pruebas de selección de personal. Un trabajo que, además de indeseado, suele tardar en ser retribuido.

Lo que puedo asegurarles es que no importa cómo haya sido la configuración de nuestro verano, anhelado y codiciado por otras profesiones; a sus descendientes les parecerá que jamás nos movimos del aula. Como un escuadrón siguiendo una estrategia pulida y coordinada, apartaremos de nuestra mente la despedida de nuestros propios hijos, los nervios del comienzo entre rostros de decenas de compañeros que cada año cambian, los kilómetros lejos de casa, el agravio de ser los peores retribuido del país, la búsqueda de alojamiento provisional que hallaremos aumentado de precio sólo por ser docentes, y toda clase de avatares a los que nos enfrentamos cada septiembre.

Estos vagos, tan desconocidos por quienes ensalzan la incultura, nos estamos organizando para seguir dando la impresión al alumnado de que nuestro hábitat natural es el aula y nuestra razón de ser enseñarles y orientales lo mejor posible. Quizás por eso se sorprenden tanto cuando nos ven haciendo la compra por las tardes o en un parque limpiando las boceras al crío, como si fuésemos un pez fuera del agua. Nos zambullimos de corazón y cabeza en nuestra labor. El instituto nos acompaña a casa y no pocas noches se hace hueco en la cama, con preocupaciones, plazos por cumplir, y el compromiso de ofrecer actividades extraescolares que conllevan una responsabilidad alta, incluso fuera de nuestras fronteras.

Ningún aspecto de esta información se usará en su perjuicio, sino con el fin de encontrar la manera de atender sus necesidades entre las de un grupo de, aproximadamente, veintitantos más

Para el día que los discentes pisen su clase, el equipo educativo ya conocerá sus nombres, gran parte de su historial familiar, en caso de necesitar medicación dónde encontrarla, sus características de aprendizaje, sus resultados del año anterior, incluso sus preferencias personales, ya sean deportivas, artísticas, o dirigidas por el dios de la vagancia. Ningún aspecto de esta información se usará en su perjuicio, sino con el fin de encontrar la manera de atender sus necesidades entre las de un grupo de, aproximadamente, veintitantos más. Y así con todas y todos.

Igual es momento de remar en favor del profesorado de esta comunidad, que aparte de homologación salarial, reclama locuras tales como un aumento de personal para satisfacer mejor la respuesta educativa y psicopedagógica en Extremadura, más profesionales de la psicología en los centros y un descenso de las ratios para asimilarnos, aunque sea de refilón, a ese Edén escolar que los entendidos que nos denostan alaban de oídas en el norte de Europa.

Docente de Idiomas y técnica en Igualdad.

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