Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Nueva sociedad, nueva política

Innovación o dictadura

La política española necesita cambios radicales

Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez. / EL PERIÓDICO

La decadencia de las democracias liberales, que se suponían el mejor de los sistemas posibles, solo deja dos salidas: la del avestruz o la de la innovación política radical. No es fácil. Todos los que hemos propuesto transformaciones reales durante la última década hemos sido expulsados de los contornos de la política, incluso cuando ni siquiera estábamos cerca de los núcleos institucionales donde se reparte el botín de la casta.

España era un país analfabeto políticamente cuando murió Franco. Poco a poco, ha ido adquiriendo conciencia de lo que somos, de cómo funcionan las instituciones y de lo solos que estamos cuando la política nos hace falta

La razón es muy sencilla y la he explicado muchas veces, pero siempre conviene recordarla: la democracia española ha derivado en una partidocracia cuyo objetivo no es el bien común, sino sostener los privilegios de quienes se han amorrado a los salarios públicos; los partidos se han convertido en empresas extractoras de beneficios para las redes clientelares que los controlan, y su función primordial es mantener el alto nivel de vida de sus principales dirigentes, mientras reparten las migajas entre la militancia que sostiene los chiringuitos.

España era un país analfabeto políticamente cuando murió Franco. Poco a poco, ha ido adquiriendo conciencia de lo que somos, de cómo funcionan las instituciones y de lo solos que estamos cuando la política nos hace falta. Los dueños de la partidocracia han detectado esa evolución y se han ido atrincherando cada vez más. Ciudadanos y Podemos, los dos partidos que en el periodo 2015-2020 tuvieron en su mano, con más de diez millones de votos, cambiarlo todo, prefirieron adaptarse para instalarse en el poder; eso supuso su implosión como organizaciones, la huida de quienes sí querían transformar la política, y la instalación de España en el desesperante impasse en que ahora se encuentra.

Innovar, hoy, no significa hacer algunos apaños en el sistema partidocrático para que pueda seguir funcionando; eso sería una reforma gatopardiana que solo tendría efectos negativos, semejantes a los de la Restauración decimonónica. Innovar, hoy, significa introducir cambios sustanciales en columna vertebral del sistema.

Por ejemplo: crear nuevas cámaras ciudadanas que complementen el funcionamiento legislativo de las Cortes, dándole verdadero sentido a los derechos de participación más avanzados de la Constitución; extender el sorteo, que ya existe para asuntos tan importantes como la conformación de las mesas electorales, a otros muchos ámbitos de la vida pública; o establecer mecanismos efectivos de rendición de cuentas, con criterios objetivos y evaluables, que puedan ser supervisados por instancias populares.

El objetivo último es que el 100% del poder político hoy residenciado en los partidos vaya transfiriéndose a la ciudadanía, hasta que se produzca un equilibrio entre el poder de la casta y el poder de la gente. Hasta que la partidocracia comience a mutar en democracia. Si no se elige este camino, solo habrá dictadura, que no necesariamente es militar, como casi todo el mundo tiene en mente, aunque sin descartarla.

Enrique Pérez Romero es doctor en Comunicación Audiovisual

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents