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Opinión | Textamentos

Menos samba y más leer

Lectora de libros

Lectora de libros / CARLOS PARDELLAS

En España se lee muy poco, pero basta que una influencer defienda sin tapujos su aversión a los libros para que el patio de vecinos arda en llamas. Podría parecer que tenemos más defensores de la lectura que lectores de facto.

Alguno pensará que exagero, pero basta darse un paseo por las redes sociales para constatar, por ejemplo, la hipocresía de quienes visten luto, con dramatismo desmedido, cuando una librería anuncia su clausura. Si la librería de turno hubiera tenido tantos clientes como personas que lamentan su cierre… seguramente seguiría abierta.

Además, ¿por qué enfada tanto que María Pombo haga pública en TikTok su alergia a leer? ¿Acaso porque no es una buena influencia para sus seguidores? Pero ¿debemos creer que estos son más rescatables, culturalmente hablando, que ella misma?

Los libros no nos hacen mejores, pero sí más felices que si no los tuviéramos. Si a alguien le resulta ofensiva nuestra silenciosa felicidad frente a la página escrita, tendrá que superarlo

Vivo en una casa atestada de libros, que he leído en su mayoría, por no hablar de los que yo mismo he publicado. No se me podrá tachar, pues, de enemigo del libro. Lo que sí defiendo es menos samba y más leer, más lecturas y menos rasgarnos las vestiduras cuando alguien parece atacar las bondades del libro. La forma efectiva de defender los libros es leerlos y, a ser posible, comprarlos con frecuencia. Lo demás es ruido y postureo.

Dicho esto, no es cierto, como dice María Pombo, que los lectores nos creamos mejores, por mucho que tendamos a enorgullecernos de este hábito de igual manera que los padres se enorgullecen de los logros académicos o deportivos de sus retoños. No somos mejores, somos rarunos. Así de sencillo. Y formar parte de una minoría que habla con pasión de libros y escritores es tan digna de respeto como esa mayoría que en su fuero interno cree que la literatura no sirve para gran cosa.

Los libros no nos hacen mejores, pero sí más felices que si no los tuviéramos. Si a alguien le resulta ofensiva nuestra silenciosa felicidad frente a la página escrita, tendrá que superarlo.

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