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Opinión | Jueves sociales

Dejen de leer, sean minimalistas

Si el mundo no les gusta, no traten de cambiarlo. Cambien ustedes. O cierren los ojos y dancen al compás de quienes marcan los pasos

María Pombo

María Pombo / Europa Press

Con la lectura, pasa como con la tilde de solo, uno puede cometer mil faltas de ortografía, pero la tilde no se toca, por ir a la contra, imagino. Y uno puede no abrir un libro en su vida, pero basta con que alguien que tiene las estanterías de su casa con eco abra la boca, para que empiece la persecución sin clemencia. El caso es protestar, pero no queremos ver que María Pombo tiene razón. Leer no te hace mejor persona, claro que no, te hace persona y ya está. La diferencia está en el adjetivo, eso que has puesto delante del nombre, María, por si has olvidado la morfología que aprendiste en el instituto. Y por si acaso, el nombre es persona, pero no vamos a andar dando clases ahora. Me extraña que tantos supuestos lectores hayan salido a atacar a esta pobre mujer. Si hubiera tantos lectores, habría personas, pero las noticias y la realidad no engañan. Además, María tiene razón. Leer no es bueno. Los libros ocupan mucho sitio y acumulan polvo. Hay que dejar de comprarlos, es más, hay que dejar de escribir para no propagar esta enfermedad contagiosa. Vacíen sus estanterías, respiren mejor en sus casas. Leer tampoco es bueno para los ojos. Uso gafas desde los seis años, por algo será.

Leer no te hace mejor persona, claro que no, te hace persona y ya está. La diferencia está en el adjetivo, eso que has puesto delante del nombre, María, por si has olvidado la morfología que aprendiste en el instituto

A cambio, como he dicho muchas veces, tengo una forma distinta de mirar el mundo, de convertirme en otra para contarlo, pero a quién le interesa ser otro si bastante tiene con ser uno mismo. Además, leer cansa, los libros suelen ser largos y cuentan siempre de más, les sobran páginas. Leer es de viejos. Mejor hagan vídeos de Tik Tok o directos o condensen su sabiduría en pocos caracteres. No crean que se lee en defensa propia o para entender el mundo. Si el mundo no les gusta, no traten de cambiarlo. Cambien ustedes. O cierren los ojos y dancen al compás de quienes marcan los pasos, mucho mejor que buscar nuestro propio ritmo. Contraten al cura y al barbero del donoso escrutinio. Vacíen sus estanterías, vacíen sus sueños, vivan con sus mentes también vacías. Los libros son un objeto peligroso, incluso un arma arrojadiza. Tengan cuidado. María Pombo lo sabe, y por eso no hay libros en su salón minimalista. De ahí pueden saltar para invadir el cerebro y apartarlo de las redes sociales, del móvil, de las pantallas y de esos seguidores a los que no conocemos de nada, de esos amigos que no existen, pero que nos ayudan a sobrellevar la pesadilla en que se ha convertido esta realidad que parece inexistente. Hagan caso a María. Hagan caso a la necedad reinante. No lean. No sean mejores personas. No sean personas. No sean mejores. No sean.

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