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Opinión | Nueva sociedad, nueva política

Digamos que los quieren eliminar a todos

¿Genocidio, sí o no? Todas las trampas para evitar la verdad

Gaza.

Gaza. / MOHAMMED SABER / EFE

Ahora que Gaza está vacía de palestinos y que se ha llegado a los 66.000 asesinados, creo que nadie negará que la intención del Gobierno de Israel no era responder a los ataques de Hamas, sino matar a todos los palestinos posibles y expulsar del territorio al resto. Una de las trampas para evitar la verdad sobre lo que está ocurriendo es alentar el debate artificial sobre si se trata o no de un genocidio, sobre las interpretaciones semánticas o jurídicas de tal concepto. Yo utilicé la palabra por primera vez aquí el 9 de abril de 2024, y sigo convencido de que Benjamin Netanyahu ha impulsado un exterminio de la población palestina y debería acabar en prisión de por vida. En todo caso, si a alguien le molesta mucho el concepto (singularmente, en VOX y en parte del PP parece que así es), pueden utilizar, si les importuna menos, esta expresión que responde a una evidencia empírica: los quieren eliminar a todos.

El juego de palabras para desviar la atención de lo importante no es la única trampa que se lleva a cabo para justificar la masacre que incluso el Jefe del Estado español, siempre muy comedido en sus apreciaciones internacionales, enunció como tal hace unos días

El juego de palabras para desviar la atención de lo importante no es la única trampa que se lleva a cabo para justificar la masacre que incluso el Jefe del Estado español, siempre muy comedido en sus apreciaciones internacionales, enunció como tal hace unos días. La respuesta estrella para atacar a quienes hablamos de genocidio (ya que no pueden ir contra los argumentos, van contra quienes los esgrimimos) es que somos antisemitas; incluso se está trasladando a la población un supuesto crecimiento del antisemitismo en Europa y en España.

No. No somos antisemitas ni el antisemitismo está experimentando repunte alguno. Solo nos resulta vomitivo el actual Gobierno israelí y la ideología que subyace a sus actuaciones, que se llama sionismo. Ser judío es una característica genética pero ser sionista es una elección racional. El sionismo comparte, en su raíz, lo mismo que caracterizó al nazismo y a las peores corrientes políticas que han existido y existen: el nacionalismo supremacista. Theodor Herzl (1860-1904) fue el fundador de un movimiento organizado para expulsar a los palestinos de Palestina y fundar allí el Estado de Israel, algo que se consiguió parcialmente, con el apoyo de la comunidad internacional, en 1948.

Es cierto que luchar contra el sionismo no es solo luchar contra el Gobierno extremista de Netanyahu, sino hacerlo también contra la idea imaginaria del Estado de Israel, que es una idea racista en sí misma, pues su existencia se basa en la destrucción del otro, en este caso del pueblo palestino.

Defender que todo Estado es legítimo, significa defender que toda idea en la que se funda un Estado es legítima. Tan legítimo sería el Estado de Israel, construido sobre la destrucción del otro, como el Estado Islámico, que pretende volver a las fronteras del siglo VIII cuando España era territorio propio. Yo creo que no lo son ninguno de los dos. Y creo que cualquier excusa semántica, victimista o de cualquier otro tipo, solo sirve para esconder la verdad sobre por qué tanto apoyo internacional a Israel. Pero de eso hablaremos otro día.

Enrique Pérez Romero es doctor en Comunicación Audiovisual.

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