Opinión | Apunte
Pablo Guerrero: la voz que llovió libertad
El fallecimiento del cantautor conmociona a la sociedad extremeña y deja un hondo pesar en el mundo de la música

Pablo Guerrero, durante un concierto en Alcántara. / FRANCIS VILLEGAS
Ahora más que nunca, Pablo Guerrero, está hecho de nubes. En mi adolescencia yo escuchaba una y otra vez un casete con su mítico concierto del 2 de marzo de 1975 en el Olympia de París. Hace medio siglo un poeta de Esparragosa de Lares (1945) llegaba al corazón de la música mundial para cantar sin ser señalado por la censura franquista. Gesta estratosférica, que también logró Paco Ibáñez. A cántaros, la canción más emblemática de aquel álbum, era un trasunto del A Hard Rain's a-Gonna Fall de Bob Dylan, pero con más fuerza. Pedía, con gusto exquisito, un cambio para un país que todavía tenía que sacudirse la abundante caspa de un régimen moribundo, pero aún no vencido.
Cantautor, pero no ‘cansautor’. Pablo Guerrero –voz del ideario colectivo de la transición- siempre exploró nuevos sonidos, de la mano de Orquesta Las Nubes, con los que rozó el tecno, o de músicos como Nacho Sáenz de Tejada y Luis Mendo, que dieron a cada uno de los trabajos un sello único, totalmente alejado de lo comercial, pero de una excelencia indiscutible. Escuché en los años 80 la canción Evohé! y aquel grito de las bacanales que significaba ‘viva la vida’ me contagió el entusiasmo por los cantautores, que por entonces ya empezaban a desdibujarse de la foto oficial, a pesar de haber contribuido decisivamente a nuestro definitivo viraje a la democracia.

Homenaje en Esparragosa de Lares a Pablo Guerrero, al que acompaña Luis Mendo. / EL PERIÓDICO
Su colaboración con otros músicos me deslumbró. Junto a Hilario Camacho escribe a mediados de los setenta Volar es para los pájaros, sobre la pérdida de la inocencia, con un final trágico, que conmueve desde su primera estrofa. Con el otro gigante de la canción extremeña, Luis Pastor, hizo un tándem muy especial. Con motivo de la Medalla de Extremadura le entrevisté y descubrí su enorme calidad y calidez humana. Gran conversador, también fue articulista de El Periódico Extremadura. Su columna de opinión se llamaba Memoria de Humo.
En los últimos años sus pulmones “roncaban como una tubería” y en sus conciertos era más rapsoda que cantante. No importaba. Pablo Guerrero era un lenitivo poético en estado puro. Su problema fue siempre la nacencia. Claramente infravalorado, si hubiera nacido en otro país sería tan venerado mundialmente como Leonard Cohen, pero no creo que a él eso le importara. "Si se calla el cantor calla la vida", escribió Mercedes Sosa. Hoy Extremadura y el mundo, que barrunta guerra mundial, ha perdido a una de sus más grandes y necesarias voces.
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