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Opinión | Textamentos

Consejos

Ilustración sobre la felicidad

Ilustración sobre la felicidad / Archivo

Últimamente recibo muchos consejos por parte de familiares, amigos y conocidos. Son consejos bienintencionados, cargados de sentido común, que tienen por objetivo, valgan los ejemplos, conminarme a dormir mejor, ponerme en forma, mejorar mi salud u organizar mi tiempo libre. Pero este es el problema: que carezco de tiempo libre, lo cual encarece mucho mi pretensión de hacer caso a quienes tanto se preocupan por mí, pues la falta de tiempo debilita las ganas y las energías para emprender cualquier acción, por pequeña que sea.

En esta era de la sobreinformación, barrunto que no soy especial y que cualquier persona que lea estas líneas es igualmente receptora de numerosos consejos que, de un modo u otro, podrían ayudarla a ser más feliz

En esta era de la sobreinformación, barrunto que no soy especial y que cualquier persona que lea estas líneas es igualmente receptora de numerosos consejos que, de un modo u otro, podrían ayudarla a ser más feliz (de eso se trata: de compartir píldoras de felicidad).

Lo que me cuesta comprender es por qué somos todos tan generosos a la hora de regalar consejos promisorios de felicidad y bienestar si a la larga son pocos los que se jactan de ser felices.

No sé hasta qué punto conviene asumir tantas recomendaciones. Ahí está el caso de Pedro Sánchez, que tiene casi mil asesores, lo cual no ha evitado que sus familiares —y quién sabe si él también— se hayan metido en un enredo judicial de pronóstico reservado. No sabemos si su agonía se debe a que sigue a pie juntillas los consejos de sus asesores o a que no les hace ni puñetero caso.

Me consta, como dice el refrán, que «Quien tiene compañero, tiene amigo y consejero». Valoro la amistad, pero mi tendencia natural sigue siendo la de seguir mis convicciones más que las de los demás. No es soberbia ni desagradecimiento, es esa adictiva costumbre, regada con el elixir de la libertad, de continuar equivocándome sin ayuda externa, con obstinada querencia. Llevo en la dinámica de tomar el camino equivocado desde que dejé atrás la infancia y, paradójicamente, no me va tan mal, a fin de cuentas.

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