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Opinión | Tribuna

El Legado de Claude Raffestin: Geografía del Poder y el Desafío Extremeño

BANDERA DE EXTREMADURA

BANDERA DE EXTREMADURA / JAVIER CALDERA

Hace unos días lamentamos el fallecimiento del gran geógrafo suizo Claude Raffestin, cuyas investigaciones y teorías pioneras nos dejaron una verdad fundamental: «El territorio no es un objeto, es una relación». Este concepto es crucial para comprender que el atraso crónico de regiones como Extremadura obedece a un problema histórico que él denominó «Geografía del Poder». A la memoria del mencionado científico dedico reflexiones.

Mis estudios en geografía siempre han bebido del conocimiento de sus obras. Queda claro que el atraso regional no es una simple falta de recursos (algo que no ocurre en Extremadura, con su superávit natural, agrario y energético), sino el resultado de un sistema que privilegia los territorios del «centro» en detrimento de otros que pasan a una posición marginal y dependiente.

Por ello, la única estrategia viable para romper el círculo vicioso de la dependencia es transformar el espacio político-administravo extremeño en un territorio apropiado por sus habitantes, vivido y sentido como una identidad fuerte, rompiendo así la sumisión secular.

Para lograr esta reapropiación territorial, debemos identificar los flujos clave que son controlados desde fuera, que Raffestin describiría como la fuga de energía e información:

1.Evasión de Talento: La migración de nuestros jóvenes cualificados a grandes centros urbanos.

2.Control Foráneo de Recursos: Grandes proyectos (agrarios o energéticos) cuya gestión y beneficios económicos se concentran fuera de la región.

3.La marginación en materia de inversiones públicas del Estado para infraestructuras que provoquen accesibilidad, atracción de empresas e innovación.

¿Seremos capaces los extremeños de desafiar los dramáticos escenarios que se ciernen a través de esta reinterpretación de valores y la construcción simbólica de nuestra identidad grupal (sin connotaciones supremacistas ni acomplejadas) que nos una en lo transversal e importante, por encima de las ideologías?

Ante esta situación tenemos que enfrentarnos a esa pesada losa, generando contrapoderes autóctonos basados en la información y el conocimiento. Esto implica fomentar plataformas y redes de conocimiento endógeno, interligando a la sociedad civil (colectivos, empresarios y asociaciones con intereses compartidos) para tomar decisiones basadas en las prioridades y necesidades propias, y no en las dictadas por el poder exterior. En esta línea de pensamiento crítico y activismo intelectual surgió, precisamente, la iniciativa “Pensando Extremadura”, que sigue contribuyendo a través de sus miembros al necesario y oportuno debate sobre qué queremos ser, algo que todavía no hay sido recogido íntegramente por la colectividad ni por sus dirigentes, aunque se están produciendo avances significativos.

Alcanzar mayores cotas de desarrollo requiere que los extremeños transformen su espacio físico en un territorio cargado de significado cultural y pertenencia. La historia de Suiza, país donde Raffestin fue catedrático de Geografía, sirve de inspiración: logró convertirse en una de las naciones más ricas del mundo a pesar de su reducido tamaño y sus adversidades físico-naturales, gracias a una sólida construcción de su identidad y valores, así como la recualificación constante de sus recursos humanos comprometidos socialmente con su territorio.

¿Seremos capaces los extremeños de desafiar los dramáticos escenarios que se ciernen a través de esta reinterpretación de valores y la construcción simbólica de nuestra identidad grupal (sin connotaciones supremacistas ni acomplejadas) que nos una en lo transversal e importante, por encima de las ideologías? La respuesta está en nuestra voluntad de convertir la relación con nuestro espacio vital en nuestro poder.

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