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Opinión | De la farmacia al agua: el legado químico de nuestra sociedad

Los residuos de antibióticos y ansiolíticos en los ríos extremeños alteran el comportamiento de los peces

Un estudiante de Medicina sugiere soluciones para evitar la contaminación por residuos de medicamentos

El río Tajo a su paso por Monfragüe

El río Tajo a su paso por Monfragüe / CEDIDA

Los ríos de Extremadura son un espejo silencioso de nuestros hábitos. No sólo arrastran sedimentos, nutrientes o plásticos: también llevan consigo restos de lo que consumimos en forma de medicamentos. Antibióticos, antidepresivos y otras sustancias llegan a las aguas a través de las depuradoras urbanas, que no siempre están preparadas para eliminarlos. Lo que parece un detalle técnico es en realidad un problema de salud pública, ambiental y social. Los datos son preocupantes. Según el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos, Extremadura lideró en 2022 su consumo en España, con 25,19 dosis diarias definidas por cada mil habitantes, lo que equivale a unas 26.800 dosis al día en total. Esta cifra supera claramente la media estatal (21,7) lo que constituye la puerta de entrada de un caudal químico que, tras salir de nuestro organismo, viaja a las depuradoras y, sin barreras eficaces, contamina sin remedio el Guadiana, el Almonte o el Alagón.” La Universidad de Extremadura lleva años investigando este fenómeno. Un equipo de la UEx desarrolló recientemente una celda electroquímica portátil capaz de detectar venlafaxina, un antidepresivo muy recetado, en aguas residuales.

El hallazgo confirma lo que ya se sospechaba: nuestros sistemas de depuración no están eliminando completamente los psicofármacos. El consumo elevado de ansiolíticos y antidepresivos en Extremadura se traduce, inevitablemente, en una presión química sobre los cauces de la región. La situación se complica por la presencia de otros contaminantes. Un estudio de Adenex dentro del proyecto “Alíate con los Ríos” encontró microplásticos en el 100% de las muestras recogidas en el Aljucén, Gévora, Tiétar, Alagón y Jerte. En las orillas se localizaron más de 2.000 residuos en apenas 5.000 metros cuadrados, la mayoría plásticos. Estos fragmentos no sólo dañan directamente la fauna acuática, sino que también actúan como vehículos para transportar bacterias y restos de medicamentos adheridos a su superficie. El cambio climático es una variable crítica. En los últimos años, la cuenca del Guadiana ha sufrido sequías prolongadas, con caudales muy reducidos. Menos agua significa menos capacidad de dilución de los contaminantes.

Los antibióticos en el medio natural favorecen la aparición de bacterias resistentes, una amenaza reconocida por la OMS como uno de los grandes riesgos sanitarios del siglo XXI. Los antidepresivos y ansiolíticos, incluso en dosis mínimas, alteran el comportamiento de los peces, afectan a su reproducción y modifican la dinámica de los ecosistemas acuáticos

La combinación de alto consumo de antibióticos, depuración incompleta y escasez de caudal genera un cóctel especialmente delicado para Extremadura. Las consecuencias no son teóricas. Los antibióticos en el medio natural favorecen la aparición de bacterias resistentes, una amenaza reconocida por la OMS como uno de los grandes riesgos sanitarios del siglo XXI. Los antidepresivos y ansiolíticos, incluso en dosis mínimas, alteran el comportamiento de los peces, afectan a su reproducción y modifican la dinámica de los ecosistemas acuáticos. Y aunque en el agua potable las concentraciones suelen ser bajas, la exposición crónica y acumulativa no debe subestimarse. ¿Qué hacer? La respuesta pasa por cuatro ejes. Primero, monitorización transparente y constante en ríos y embalses extremeños, con datos públicos y accesibles. Segundo, modernización de las depuradoras, incorporando tratamientos terciarios y cuaternarios capaces de eliminar microcontaminantes. Tercero, uso racional de antibióticos y psicofármacos, fomentando la devolución de medicamentos caducados en farmacias. Cuarto, políticas específicas para la cuenca del Guadiana, que soporta una presión creciente por sequías y vertidos. Extremadura depende de sus aguas no sólo para beber, sino también para regar, para pescar y para sostener ecosistemas únicos. Si no se actúa, nuestros ríos seguirán siendo receptores de una receta invisible, donde los antibióticos y los antidepresivos comparten cauce con barbos y bogas. De nosotros depende que las próximas generaciones hereden aguas limpias, no farmacias líquidas.

Marcos Conde (estudiante de Medicina de la UEX)

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