Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Cáceres

Los peregrinos del esqueje

He de reconocer que, en estos tiempos de manifestaciones varias y proclamas al aire, he echado en falta una de psicólogos por Antonio Hurtado, camino de Cánovas, hasta la plaza.

Una manifestación de calor en la que gritaran al unísono contra Carlos Ordóñez: «Ordoñez, maldito, tu césped nos dejó sequitos». Todos con su puño al cielo y su voz en fuego señalándose el bolsillo. Una y otra vez. Mirados y reconocidos por propios extraños. Un dragón de color indignación volando libre por las calles de Cáceres.

Y es que, cuánto bien ha hecho a la ciudad este cámbiame televisado, día a día, por redes sociales. Cuánto entretenimiento nos ha regalado. Qué serial tan bien hilado. Cuántos giros de guion. Qué pena que esto se nos acabe y la pantalla se nos vire a verde.

Han sido meses de frustración, en los que hemos reconocido a nuevos héroes del Relato. Meses de múltiples preguntas reformuladas de mil maneras diferentes, pero sin respuesta: ¿Por qué no se contrata a una empresa mejor? ¿Por qué se empeña en hacerlo él? ¿Dónde están los dineros? ¿Qué pasa con los esquejes? ¡Qué feas las calzonas verdes! Lo de las calzonas es otro tema.

Pero, llegamos al final. Este camino, lamentablemente, se nos acaba. Y se nos acaba porque el césped empieza a dar síntomas de lo que es y no de lo que parece y, con ello, se irán los expertos en jardinería que nos ha regalado este nuevo capítulo de costumbrismo cepeciano.

Estamos en esos minutos en los que el césped va a dejar de ser el todo para convertirse en algo mundano: césped.

Cuántos vacíos ha rellenado esta resiembra. Cuántas familias en crisis se habrán unido yendo en autobuses hasta Almendralejo. Cuántos corazones rotos se han tenido que arreglar viendo un mal peor. Cuántas tardes se habrán arreglado yendo a la carretera de Salamanca a por la fotito de los likes. Cuántas crisis existenciales se habrán disipado en conversaciones de ascensor. Cuántos habrán encontrado al fin su propósito.

Y se nos acaba. Ahora que todos sabíamos a la perfección que éramos libres en la resiembra.

Cuántos psicólogos, en este tiempo, han tenido que maldecir a la carretera de Salamanca por hacer que las nubes desaparecieran del día a día de todos y cada uno de los protagonistas de este mundo que tan pronto ríe como llora verdiblanco.

Ha sido un robo a mano armada contra ellos.

Y, ahora, que la arena da paso a la vida; ahora que todo está a punto de empezar y vuelve a ser personal, propongo un altar cerca del estadio que nos impida olvidar. Que no nos permita olvidarles: «Aquí se vio la vida nacer».

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents