Opinión | Editorial
Infraestructuras y turismo van de la mano en el desarrollo de Extremadura
Con buenas conexiones, pueblos y comarcas menos accesibles se beneficiarían, lo que ayuda al desarrollo económico local y evitaría la despoblación

Carlos Gil
Cáceres ha conseguido brillar con luz propia durante la celebración de la convención anual de Turespaña. Una cita en la que se ha podido tomar el pulso, cada vez más fuerte, de lo que supone el turismo no solo para la ciudad y provincia cacereñas, sino para toda Extremadura. Con nuevas aperturas de empresas turísticas y una oferta de alojamiento cada vez más fuerte, el crecimiento se aprecia en términos económicos y de empleo, con unos 30.000 trabajadores en activo. Todo esto demuestra que Extremadura está consolidándose como destino de interior, cultural, natural y sostenible. La comunidad cumple con los requisitos de ese turismo del futuro que vino a presentar el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Incluso llega a tiempo de evitar el fenómeno de la gentrificación, el impacto negativo por masificación turística al que se enfrentan otros destinos más explotados.
Ese crecimiento, con ser un dato positivo, conlleva una exigencia creciente que se va cumpliendo, por ejemplo, en cuando a infraestructuras hoteleras, experiencias gastronómicas y de ocio, basadas, siempre en la excelencia. Pero, hay otros elementos que pueden influir negativamente. Las históricas reivindicaciones en materia de comunicaciones, del tren a conexiones por autovía que aún están pendientes, como lo está la mejora del aeropuerto, contribuyen a que se distorsione la imagen de la comunidad y se sume al tópico de la ‘extrema y dura’ el de la “incomunicada”. La red de autovías, principalmente la A-5 hasta Madrid y el eje de la Autovía de la Plata, de norte a sur, han contribuido a que comarcas como La Vera y el Jerte se posicionen en los primeros lugares de los rankings turísticos. Pero, el tráfico creciente en ambas vías, obliga a seguir avanzando en esas asignaturas pendientes que, por otra parte, son deudas que deben saldarse por justicia social y la vertebración del país en un esquema de homogeneidad e igualdad de oportunidades.
Sin esas mejoras, resulta más difícil que la región aproveche plenamente su potencial turístico.
Esas reivindicaciones también tuvieron su hueco en la convención desde el primer momento en la intervención inaugural de la presidenta de la Junta, María Guardiola. La petición quedó clara que “de una vez por todas llegue la Alta Velocidad” para conectar Extremadura mediante un ferrocarril del siglo XXI tanto con Madrid como con Lisboa.
La mencionada “dignidad ferroviaria” representa algo más que un símbolo: supone un elemento esencial para incorporar Extremadura al circuito principal del turismo de interior, facilitando accesos rápidos y fiables.
El turista no debería pensar en cómo llegar, sino en disfrutar y las mejoras en autovías que conecten Extremadura con otras comunidades, con capitales, con los grandes ejes nacionales e internacionales, contribuye a ello de forma definitiva.
Otra justa reclamación hace referencia al único aeropuerto de Extremadura, el de Badajoz, La conectividad aérea resulta fundamental para el turismo internacional, entre segmentos de alto gasto o corto tiempo disponible. Pero con nieblas que inutilizan su uso varios días al año, escasez de ofertas y vuelos poco accesibles, se entorpece la internacionalización de la comunidad extremeña. Una internacionalización que sigue también la tendencia al alza en los últimos años.
Ese déficit en infraestructuras modernas y fiables provocan que la región tenga una desventaja competitiva frente a otras comunidades. El turismo extranjero suele valorar mucho la accesibilidad, rapidez, facilidad. Si los aeropuertos funcionan mal o el tren tarda demasiado, se vuelve menos atractivo para quienes vienen de lejos.
También incide en la pretendida desestacionalización: parte del crecimiento que se busca se basa en que el turismo no solo se concentre en temporadas altas o en determinados puntos, sino que fluya hacia los pueblos, naturaleza, parques naturales y recorridos culturales. Para eso los accesos, también los de competencia regional, provincial o local, deben encontrarse en buen estado: caminos rurales, carreteras secundarias, agua, señalización, transporte local...
En definitiva, que la experiencia del visitante sea agradable depende mucho de lo que ve, pero también de cómo llega, cómo se traslada una vez allí, de la calidad de los servicios, alojamientos, movilidad interna... Extremadura apuesta por un turismo de experiencia, sostenible e interior, y para eso hace falta que las infraestructuras estén a la altura.
La mejora de las infraestructura ayuda a repartir mejor los flujos turísticos y eso permite que los beneficios lleguen más allá de los centros urbanos principales. Con buenas conexiones, pueblos y comarcas menos accesibles se beneficiarían, lo que ayuda al desarrollo económico local y evitaría la despoblación. n
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