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Opinión | Trazos y travesías

Universo Murakami

Haruki Murakami

Haruki Murakami / BRUNO MURIALDO/ROPI / ZUMA PRESS

En el año 2023 vi en directo la entrega a Haruki Murakami del premio Princesa de Asturias de las letras. Recuerdo que lo caracterizaban como un tipo centrado en su escritura y entregado al mundo de la imaginación, cuya vida transcurría lejos de losintereses de la media social.

El espacio simbólico que atraviesa su obra se describía como un viaje interior a partir de la vida cotidiana, donde los personajes hallan dimensiones que desdoblan la realidad para dejar paso a lo insólito. La soledad y el aislamiento eran tratados como requisitos para ahondar en los pormenores y misterios del mundo. Un mundo que, a veces, según se comentaba, adquiría una dimensión onírica compleja, digna de alabar.

Entonces vivía en Mérida. Rápidamente, envié un mensaje a mi librería de confianza, Maemuki, y les encargué Tokio blues y Kafka en la orilla. Al leerlos descubrí que su cosmos creativo, tan rico en ambigüedades, contaba con poderosas limitaciones. Esas barreras no son otras que sus propias carencias para representar el mundo de lasmujeres de un modo justo y verosímil.

Hombres sin mujeres, sin que llegue a funcionar del todo. Ese desconocimiento básico y profundo también demarca las fracturas de su alma y el déficit de su universo literario

En la obra del autor, las mujeres sólo sirven de espejo para reflejar la voz delprotagonista, normalmente tan atormentado que consigue transmitir pereza mental a cualquier lectora experimentada. Ellas suelen aparecer como rescatadoras del pobre compungido, proveedoras de cuidados y recursos, o puros objetos sexuales. En Kakfa en la orilla se narra incluso una escena donde el personaje masculino principal viola a la que piensa que es su hermana biológica. ¿Así de espantoso? Sí, aunque camuflado en una telaraña onírica intragable para no aclarar si se produce realmente o ha sido un sueño, ¡pero ahí lo llevas!

La espiritualidad femenina queda relegada a mujeres heridas y sensuales que actúan como gancho misterioso al que aproximarse, sin entidad propia. ¿Significa esto que Murakami sea misógino? No podemos saberlo, pero sí afirmar que es uno de tantos con un problema de machismo estructural que trata de resolver en su última obra,

Hombres sin mujeres, sin que llegue a funcionar del todo. Ese desconocimiento básico y profundo también demarca las fracturas de su alma y el déficit de su universo literario.

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