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Opinión | Extremadura desde el foro

La caza del oro

Un síntoma de la desconfianza en el sistema monetario actual

Vendedor de oro.

Vendedor de oro. / DIVYAKANT SOLANKI

Las colas en Australia para la compra del activo en físico ya presagiaban el siguiente movimiento. Ese tipo de desaforada sobrerreacción minorista suele provocar, por recelo, reacciones rápidas en el mercado. En sólo dos días el oro vio caer su precio en más de un 5%. ¿Germen?¿Alerta?

Nada de eso. El oro lleva batiendo récords más de año y medio. No sólo ha alcanzado una histórica valoración de 40.000 dólares el lingote, consecuencia de un crecimiento acelerado superior al 50% en menos de seis meses. Es que actualmente ocupa un 30% de las reservas monetarias globales, nivel nunca antes visto. Así que se produzcan correcciones suena a ajuste temporal dentro de una espiral alcista. Esta aguda evolución sí que nos habla, yendo más allá de la “epidermis” de los mercados. Explica la visión general sobre el estado del sistema monetario.

Tradicionalmente, el oro se ha movido en función de los tipos de interés. Correlativamente a la previsión a medio plazo y a su combinación con el efecto de la inflación. En cierta manera, se interpreta como un reflejo inverso de la política monetaria y fiscal. De ahí, su carácter de valor ‘refugio’ frente a las divisas. Pero lo cierto es que en otras etapas de inflación alta el oro ni vivió subidas apreciables ni el tipo de “exuberancia” que ahora muestra.

¿Esta ‘fiebre’ del oro es un canario en la mina? ¿Y si así fuera, de qué exactamente? Susurra una verdad incómoda: los mercados están intoxicados por la incertidumbre geopolítica y la sobreoferta del papel moneda

Hay que tener en cuenta que es un activo principalmente usado por inversores institucionales, grandes inversores y patrimonios estructurados. La entrada de particulares en oro es residual y se asemeja a una intromisión, sobre todo si es masiva. De partida, el oro funciona como táctica defensiva para los grandes inversores, que buscan proteger su capacidad financiera frente a otros instrumentos financieros más expuestos y menos seguros. En ese sentido debía acercarse a la deuda de los estados, los activos de mayor respaldo. Lo que ahora no ocurre.

¿Esta ‘fiebre’ del oro es un canario en la mina? ¿Y si así fuera, de qué exactamente? Susurra una verdad incómoda: los mercados están intoxicados por la incertidumbre geopolítica y la sobreoferta del papel moneda. Este incremento del oro es el síntoma de la profunda desconfianza en el sistema monetario actual. Algo similar se proclama de las criptodivisas (en las que no es oro todo lo que reluce, nunca mejor dicho). Sin embargo, en este caso, su papel de alternativa plausible al dinero ‘fiat’ y a la propia apuesta de los mercados no se juzga exclusivamente en su instrumentación como moneda, sino al valor agregado de la tecnología subyacente.

El oro puede estar cuestionando no el edificio en sí sino sus cimientos. Existen ejemplos en la historia paralelos a este comportamiento del oro respecto de las monedas reservas del mercado. Siempre ha significado, cuando menos, un cambio de paradigma. Desde la Revolución francesa hasta la más reciente liquidación de la era Bretton Woods.

Es extraño que se esté únicamente leyendo bajo el doble prisma de la especulación y las distorsiones interna de los mercados, sospechosos habituales. Quizá cuente algo menos evidente. Un oro que se corona como bastión de la estabilidad frente a las dudas de que la sostenibilidad del sistema actual. Deuda pública creciente, polarización política, rotura de bloques. ¿Narra el oro la ‘caída del imperio’? Es pronto para saberlo. Pero Roma no se destruyó en un día.

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