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Opinión | Espectráculos

Ese aeropuerto

El avión y la estructura metálica.

El avión y la estructura metálica. / S. GARCIA

Hace unos días, un avión de Air Nostrum, con 57 pasajeros a bordo, impactó con un hangar militar en el Aeropuerto de Badajoz, antes de despegar. El golpe fue con un ala contra una esquina de dicho hangar, y se saldó con un susto y el desalojo de los pasajeros, aunque habría podido terminar en tragedia si el impacto hubiera sido más fuerte y hubiera afectado al depósito, provocando un incendio. De momento lo que provocó es la cancelación de los planes de mucha gente, no tan fáciles de solucionar, pues muchos tomaban ese avión para conectar con otros vuelos, nacionales o extranjeros.

En Extremadura estamos acostumbrados a este tipo de noticias. Se habla más del tren, pero las conexiones con avión son muy escasas y además carísimas, y me sorprende que no haya ni la menor movilización social por un aeropuerto que tiene un amplio margen de mejora y que podría dinamizar la vida económica, no solo de Badajoz.

Seguramente en las próximas semanas salgan en este periódico, un día sí y otro también, noticias de vuelos que se desvían o cancelan por nieblas, ya que este aeropuerto, al contrario que la mayoría, carece de sistema antiniebla y ello estando en un sitio tan propicio a las brumas como las Vegas Bajas del Guadiana. Recuerdo que a unos amigos de mi hermano que iban a la India en su viaje de luna de miel, se les canceló por niebla el vuelo a Madrid, y tuvieron que esperar al día siguiente. No necesitaron llegar a la India para experimentar condiciones tercermundistas de transporte.

Para cualquiera que haya viajado desde ese aeropuerto, la experiencia tiene algo de irreal. Un aeropuerto sin apenas personal, donde el aparcamiento es gratuito pero la cafetería solo abre justo antes de los vuelos, y donde no hay aire acondicionado. Sé de personas que casi sufren una insolación mientras esperaban su vuelo. La gente de fuera no entiende que no haya autobuses que lleven al aeropuerto, pues no sería tan difícil para los dos o tres vuelos diarios que tiene.

En esto, como en otras cosas, mostramos en nuestra región una desidia sorprendente, pues ese aeropuerto, bien gestionado, podría tener muchos más vuelos y no solo ser el aeropuerto de Extremadura (podría llamarse así, como hay un Aeropuerto de Asturias, para que lo sintieran como propio en Cáceres o Mérida, tan propensos como somos al localismo) sino hasta atraer viajeros de Portugal.

*Mario Martín Gijón es escritor.

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